Las cosas por su nombre

Los seres humanos solemos tener dos problemas existenciales. Por un lado, la inseguridad, consustancial a nuestra naturaleza y por otro, el mal uso que hacemos del lenguaje, pues muy a menudo las palabras que empleamos están reñidas con su significado real.
En el primer caso, la inseguridad no debe ser jamás una meta y eso los médicos lo deberíamos comprender sin dificultad, y no dejarnos atenazar por ella, ya que somos expertos en una ciencia probabilística y de incertidumbre. En cuanto al lenguaje, más en tiempos de crisis, no deberíamos dejarnos llevar por el sentido eufemístico que, intencionadamente o no, se suele emplear para no llamar a las cosas por su nombre. Por ello, cuando se habla de racionalizar el gasto sanitario, la gente sospecha que se trata de recortar salarios y prestaciones sin miramiento y no de erradicar gastos superfluos y bolsas de ineficiencia. Por otro lado, cuando se habla de optimización de la gestión sanitaria, la sospecha adquiere categoría de convicción y se sabe a ciencia cierta que se trata de privatización lisa y llana.
Sin eufemismos se evitarían muchos malentendidos, aunque quedara en mal lugar el aforismo sartriano de que “a este mundo hemos venido a no entendernos y si alguna vez lo hacemos, eso es un malentendido” .
Dr. Faustino Herrero



