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Soy médico, pero por favor… ¡Un médico!

13 febrero, 2010

Sick-and-Tired

¿Cómo es la salud de los que se dedican a velar por la salud de los demás? A priori el conocimiento de los procesos de salud y enfermedad debería hacer que los profesionales del ámbito sanitario gozasen de mayores niveles salud. Sin embargo, esto dista bastante de la realidad. Los profesionales de la salud, especialmente los médicos, presentan altas tasas -incluso en algunos casos mayores a las del resto de la población- de ansiedad, estrés laboral, hábitos tóxicos, e incluso enfermedad cardiovascular y cáncer.

Esta entrada parte de una pregunta que me ha acudido en repetidas ocasiones: ¿cómo es la salud de los que se dedican a velar por la salud de los demás?

Puede que muchos respondan con un rápido “mejor que la del resto”, antes de pararse a pensarlo. Y es que no es nada descabellado sostener que el conocimiento de los mecanismos de la salud y la enfermedad debe hacer a los profesionales de la salud (especialmente a los médicos) más capaces de gestionar su estado de salud, de prevenir la enfermedad, y de manejar ésta en el caso de padecerla. Sin embargo, ya sea por factores externos puramente profesionales y/o contextuales, ya sea por actitudes y conductas de estos profesionales ante los hábitos y estilos de vida importantes en los mecanismos de la enfermedad, muchos datos muestran que el estado de salud general de los que se dedican a la profesión médica no es tan halagüeño como debiera.

Del burn-out al “haz lo que digo, no lo que hago”

Es paradójico ver las estadísticas de hábitos tóxicos en los profesionales de la salud comparadas con aquéllas que se refieren a la población general. Así, es totalmente aplicable aquí el famoso proverbio “consejitos vendo, pero para mí no tengo”, porque aquéllos que aconsejan a los pacientes que dejen de fumar, no sólo fuman, si no que lo hacen en una mayor proporción que la población general. Y no es únicamente el tabaco. La profesión médica está tan asociada a hábitos adictivos que también se muestran entre estos profesionales mayores frecuencias de consumo de alcohol, y de fármacos psicoactivos (especialmente ansiolíticos, benzodiazepinas). Pero, ¿a qué se debe esto? Está claro que en el caso de algunos de los fármacos influye la fácil accesibilidad de estos profesionales. Pero, en el caso del alcohol o el tabaco, quizás debamos irnos un poco más allá y fijarnos en otros datos. Pues bien, los profesionales de la salud tienen tasas más altas de ansiedad, estrés laboral y, sobre todo, de burn-out, especialmente en aquellas especialidades con más carga asistencial de cara al público, como la atención primaria o la psiquiatría. Por lo que puede que lógicamente los hábitos adictivos acuciados se den como respuesta a estos problemas. Contrariamente, y esto a priori tiene mucho menos de científico, algunos piensan que el hecho de que los profesionales médicos fumen más, o beban más alcohol, es causa de que éstos “ningunean” la enfermedad, por conocerla y verla tan de cerca día a día, lo que los incita a “tentar a la suerte”, o practicar conductas de corte “vividor” o “crápula”. Cuánto tiene esto de realidad, y cuánto de cliché, será algo que habrá que investigar.

Infecciones nosocomiales en casa…

De sobra es conocido que los médicos son un medio de contagio muy frecuente, especialmente en las infecciones nosocomiales, para aquellos enfermos ingresados en plantas de hospitalización, ya sea su estado grave o no. Pero lo que no se piensa muy a menudo es que también son los médicos a los que se les transmiten estas infecciones. La importancia radica en que las bacterias que habitualmente habitan en los hospitales suelen producir infecciones de mayor gravedad, especialmente porque son resistentes a multitud de antibióticos. Por poner un ejemplo, muchos de nosotros tenemos entre la flora habitual de nuestra piel bacterias de la especie Staphyloccocus aureus que, en determinadas circunstancias, pueden producirnos infecciones de la piel o de otras localizaciones. Sin embargo, los estafilococos que un profesional de la salud lleva en su piel provienen en parte del hospital, y puede que sean SARM (Staphyloccocus aureus resistente a meticilina, entre otros antibióticos), por lo que las infecciones que produzcan serán de mayor gravedad, y más difíciles de tratar. Es por esto que cualquier infección que se produzca en un profesional de la salud se considera habitualmente como nosocomial directamente, aunque en principio no haya sido adquirida en el hospital, y es tratada como tal.

El trabajo a turnos… Algo más que desestructuración familiar y social.

Una singularidad importante de muchas especialidades médicas y de los profesionales de la salud en general es el trabajo a turnos y las guardias. El continuo paso de un ritmo “normal”, o aceptado socialmente, con turno diurno normalmente matutino, a un esporádico trabajo nocturno, no sólo dificulta la vida social y familiar del profesional. Como podemos imaginar, el profesional con turnos de trabajo cambiantes presenta problemas en sus relaciones sociales y familiares, y esto conlleva un aumento de los problemas psicológicos/psiquiátricos que comentaba en el anterior epígrafe: ansiedad, estrés laboral, burn-out… Pero también existen efectos físicos, fisiológicos, en estos cambios rítmicos, que pueden afectar a la salud del profesional. Por ejemplo, está demostrado un aumento en la frecuencia de úlcera gastroduodenal y también de enfermedad cardiovascular entre los trabajadores a turnos. Este aumento se produce por la aparición de ansiedad y estrés (relacionados con estas patologías), pero también, por ejemplo, con el efecto de la ingesta de comida en horas nocturnas, cuando los sistemas digestivo y metabólico están preparados para el ayuno. Pero aún hay más, ya que uno de los efectos a largo plazo que se han observado es el deterioro general del sistema circadiano (sistema regulador de los ritmos biológicos, sobre cuyo estudio versa la cronobiología). De esta manera, existe una desincronización interna de los sistemas fisiológicos que genera necesariamente problemas agudos (insomnio, fatiga crónica, aumento de neurosis), y enfermedades a largo plazo. Esto conlleva además un problema sobreañadido en la disminución de la secreción de melatonina en los trabajos a turnos, debido a la exposición a la luz durante las horas nocturnas. Esta hormona no sólo participa en los ciclos de sueño-vigilia, sino que además es antioxidante (muchos la toman como panacea antienvejecimiento), estimulante del sistema inmune y anticancerígena. Por esta última de las funciones se ha postulado que los trabajos nocturnos podrían aumentar la susceptibilidad al cáncer, lo que se ha visto probado por algunos estudios epidemiológicos donde se aprecian frecuencias más altas de cáncer de mama entre las profesionales a turnos. ¿Y por qué no se da más publicidad o difusión a estos datos? No puedo evitar pensar en que quizás no se desea que se genere en la población un miedo al trabajo nocturno, que tan necesario resulta en el sistema actual de “24 horas abierto”. Quizás estoy poniéndome exagerado, incluso paranoico, pero igual que se bombardea día a día con los hábitos tóxicos, el ejercicio físico, la carne roja, el resveratrol del vino tinto, la gripe A, las isoflavonas de la soja… ¿Por qué no se intenta influir positivamente en algo tan simple como los hábitos rítmicos de la población? Quizás no conviene. Pero éste no era el tema. Creo que me he ido por los cerros de Úbeda…


Para saber más / Referencias…

Imagen "Sick and Tired" por ChernobylBob (Creative Commons)

4 comentarios leave one →
  1. 7 abril, 2010 12:38

    Acabo de ver la siguiente noticia en JANO: Los médicos cuidan de los pacientes, pero ¿quién se ocupa de los médicos?
    Habla de una revisión en The Lancet que recuerda que los médicos no son buenos ocupándose de su propia salud o la de sus colegas, y analiza una posible asociación entre la mala salud del profesional y una peor atención al paciente.
    Incluso comenta que el nivel de salud de sus profesionales debería ser indicador de la calidad del hospital o centro de atención primaria.

    • Neytiri permalink
      7 abril, 2010 14:46

      Qué curioso…
      Me gusta esto: “A menudo, los médicos –se señala en la revisión– confían en la negación y la evitación como estrategias de afrontamiento, que no son muy eficaces; el problema se exacerba por los escasos precedentes de apoyo mutuo e información entre la profesión médica. Los profesionales quizás se sienten incómodos en el papel de pacientes y temen que otros interpreten su necesidad de ayuda como un indicador de su incapacidad para salir adelante. Los datos indican, sin embargo, que los que reciben ayuda de sus colegas o de su cónyuge tienen más éxito a la hora de mejorar su bienestar”.

    • 7 abril, 2010 17:43

      Pienso que el médico cuenta con un arma de doble filo, que en determinadas personalidades quizás juegue un papel poco o nada beneficioso para el sujeto. El conocimiento de la evolución y pronóstico de las enfermedades, que a priori puede parecer o constituir una ventaja para el profesional médico, puede privarle, en determinadas patologías de gravedad considerable, de ciertos favores que brinda la ignorancia.

      Orgullo en patología banal, y miedo y evitación/negación en enfermedades más serias, hacen que el médico sea paradójicamente un blanco fácil. Quizás las consultas de pasillo, sin historia clínica porque es “de la casa”, con pruebas a salto de mata cuyos resultados se registran así como así, no ayuden tampoco mucho.

      No se si me he explicado muy bien… (tras las vacaciones, todavía estoy ajustándome un poco)

    • Neytiri permalink
      7 abril, 2010 19:26

      Cuánta razón tienes! Y sí, te has explicado genial jejej

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