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Más contagioso que la gripe… ¡un bostezo!

14 marzo, 2010

bostezo

Tan cotidiano y tan desconocido a la vez, como tantas otras cosas. Menos “cansino” y odioso que el hipo pero también molesto cuando quiere. ¿A quién no se le ha abierto la boca irremediablemente al ver cómo la persona que está a su lado bosteza? Y ¿alguien sabe por qué?. Sumerjámonos juntos en este misterio y a ver si descubrimos por qué es tan envidioso nuestro cerebro, qué tienen esos segundos para ser tan “pegajosos” y por qué solo se nos pega a los humanos y a los chimpancés (¿sabíais eso?)

Corría el año, más o menos 2004 cuando, en clase de Biología, justo en medio de la explicación de la ADN polimerasa, se me pega uno de esos malditos bostezos propios de la situación. Sin pensarlo mucho levanté la mano y la profesora (un ángel del cielo) me preguntó qué no entendía. Pues lo que no entendía era por qué se contagiaban los bostezos (relacionadísimo con la ADN polimerasa, vamos) y la pobre, con la paciencia que la caracteriza, improvisó una respuesta (en vez de matarme …) que me convenció lo justo. Unos añitos más tarde, con algún que otro recurso más, quizás pueda rescatar varias respuestas que eviten a otro alumno “enfermo” de 2º de Bachillerato interrumpir una clase tan importante como la de la ADN polimerasa, si es que nos lee dicho perturbado, que debería. ¡Comencemos!

¿Qué es el bostezo?

De visu, el bostezo no es más que la acción incontrolada de abrir la boca, con separación muy amplia de las mandíbulas, para realizar una inspiración profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final. Es un reflejo normal, en principio desencadenado por varios factores como el despertar, el adormecimiento, el aburrimiento, el hambre, los conflictos emocionales, entre otros. También podemos verlo asociado a diversas enfermedades neurológicas, cardiacas e incluso al abuso de drogas, correspondiéndose con patrones de manifestación excesiva.

Si nos fijamos un poco, está presente en todo tipo de vertebrados, incluso el humano ya bosteza con apenas 12 semanas de vida intrauterina. Un dato curioso es que en el resto de especies existe un predominio en los machos, mientras que en humanos, no se aprecian diferencias entre ambos sexos.

¿Por qué? ¿Para qué?

Como suele ser la norma, cuando hay muchas explicaciones para algo es porque realmente “no tenemos ni idea”. Pues en este tema sucede algo así.

Durante mucho tiempo se pensó que la causa del bostezo era un aumento de dióxido de carbono (hipercapnia) y disminución de oxígeno (hipoxia). Esta situación sería detectada a nivel cerebral (hipotálamo) y desencadenaría el “supuesto reflejo”. Aunque el suspiro se ajusta bastante a esta explicación, en el caso del bostezo parece no ser así. Algunos datos en contra son, por ejemplo, un estudio en el que se observaba la frecuencia de bostezos en sujetos que respiraban oxígeno al 100% y diferentes mezclas de dióxido de carbono, siendo esta frecuencia similar en los distintos grupos. El hecho de que a las 12 semanas de vida intrauterina ya se bostece, tampoco parece ir muy a favor. Existe otra hipótesis que no se queda nada atrás, en cuanto a curiosidad se refiere, y es la conclusión que se extrae del experimento que llevaron a cabo Andrew C. Gallup y Gordon G. Gallup, Jr. (psicólogos de la Universidad de New York), en el que se les pidió a un grupo de estudiantes universitarios que observasen un vídeo de gente bostezando. Como era de esperar, comenzaron a bostezar, pero a la mitad de los sujetos se les pidió que respirasen por la boca y a la otra mitad que lo hicieran por la nariz. Los que respiraban solo por la nariz no bostezaron en ningún momento, mientras que los que lo hicieron por la boca no pararon de bostezar. También se les pidió que durante el vídeo unos pocos tuvieran una bolsa de hielo sobre su frente y otros una bolsa de agua caliente. Las personas que mantenían el hielo sobre su frente no bostezaron mientras que los demás sí que lo hicieron. La conclusión a la que llegaron las personas que realizaron este experimento es que el bostezo constituye un mecanismo de enfriamiento del cerebro. Nuestro cuerpo emplea el aire enfriado por la nariz para refrescar nuestra masa encefálica. Al emplear otras formas de refrigeración como la bolsa de hielo nuestro cerebro no necesita recurrir al bostezo. Esta afirmación me hace recordar unos curiosos datos que obtuvo Ángel en un pequeño trabajo de investigación en cronobiología, en los que se observaba cómo la temperatura periférica y la central estaban desfasadas unas 2 horas y, además, con un patrón inverso. Por lo tanto, una frente caliente se traduce en un cerebro frío (menos óptimo) unas 2 horas después. Esto pondría en duda esta hipótesis y, aunque estos datos carecen del rigor científico pertinente como para cuestionar nada, a mi me dan bastante que pensar al respecto.

¿Cómo explicar su aparición en las primeras etapas de la vida (intraútero)? Algunos sugieren que contribuye al ajuste de las mandíbulas durante el desarrollo fetal. Otros no le atribuyen ninguna función. Ninguna de estas explicaciones parece estar muy a la altura.

Si buscamos en la red, son múltiples las explicaciones y experimentos variopintos con sus variopintas conclusiones que, sea como fuere, parecen orientar a que el bostezo actúa como parte de un mecanismo adaptativo de respuesta al stress, que nos prepara (a nosotros o cualquier ser capaz de bostezar) para responder ante situaciones que requieran un cerebro más oxigenado, o más óptimo. Pero estudiando el motivo del contagio, se despliega un nuevo abanico de hipótesis, cuya importancia halla su significado en los albores de la humanidad.

¿Cuál es el motivo de su contagio y qué conlleva ello?

Hasta aquí podemos asumir ese papel de mecanismo adaptativo de respuesta al stress, pero ¿por qué su contagio en nuestra especie y en otras de complejidad social superior al resto como los chimpancés? No necesitamos ver a nadie bostezar. Con solo escuchar como alguien lo hace, pensar o leer sobre el bostezo, es suficiente. De hecho, yo, al leer sobre el tema para redactar esto que estás leyendo en este instante, he bostezado y bostezado sin cesar. Si vosotros lo hacéis ahora, lo entenderé.

Motivados por la curiosidad, comienzan, entre los años 50´s y 60´s, las primeras investigaciones sobre el tema, pero es en los 70´s cuando parece existir un verdadero auge de investigadores implicados. Aunque son muchos los que trabajaron en el bostezo y sus implicaciones, Baenninger y Provine representan las figuras más destacadas. Ya, en 1986,  fue descrito por éste último como paradigma de acto motor estereotipado. Todo apunta a que, en la especie humana, el bostezo tuvo su momento. Como ya dijo A. Argiolas, hoy día quedaría como un vestigio evolutivo que “despertaba” al hombre cuando perdía la atención en situaciones de peligro. Sería un mecanismo natural de aviso. De hecho, parece ser que el bostezo retrasa el sueño, no lo estimula, manteniendo al sujeto que lo experimenta alerta. Por lo tanto, como dicen Muchnik S. y cols. en su artículo, formaría parte de un reflejo de vigilancia, el cual ha adquirido un valor paralingüístico con la evolución, teniendo un rol destacado en la protección y cohesión social, cosa que Provine ya dijo en su momento. Cada vez que bostezamos gracias a alguien actuamos instintivamente, habiendo adquirido esto en la prehistoria, cuando aún vivíamos en tribus, donde el bostezo era una herramienta de sincronización intersujetos que, actualmente, aún conservan nuestros parientes los chimpancés. Un dato interesante que apoya el valor social que pudo tener el bostezo es que, en patologías donde se observa un déficit de comunicación o empatía, como pueden ser la esquizofrenia, el autismo, etc. el bostezo por contagio se halla prácticamente abolido. De hecho, como podéis leer en la referencia de “SomosPrimates”, a lo largo de la última década, los neurobiólogos describen las llamadas“neuronas espejo. Éstas se han encontrado en humanos, primates no-humanos y otros mamíferos de alto coeficiente cerebral, como elefantes o ballenas, e intervienen en procesos como la empatía y las relaciones emocionales complejas. Como se comenta en este texto citado, estas neuronas nos permiten comprender lo que le ocurre a otro individuo, imaginándonos a nosotros en la misma situación y proyectando lo que sentimos. Están relacionadas directamente con la empatía porque gracias a ellas podemos “sentir los sentimientos de otros” y entender sin necesidad del razonamiento, puesto que se produce una simulación directa en el cerebro , por tanto, podrían ser las responsables de que el bostezo se contagie entre individuos de especies con una carga considerable de este tipo neuronal. Véase este ilustrativo ejemplo extraído de Wikipedia donde se observa como un mono neonato imita a un humano que le saca la lengua.

Son dignos de mención algunos casos interesantes como el proporcionado por Delbono, en el que describe un paciente con hemiplejía derecha capaz de mover la parte hemipléjica mientras bostezaba. Otra publicación hace referencia a un paciente con síndrome de enclaustramiento, que no podía abrir y cerrar la boca, excepto cuando bostezaba. También son interesantes experimentos llevados a cabo en mamíferos en los que se desencadenaban bostezos repetidos y estiramiento de las extremidades tras inyectarles en los ventrículos cerebrales ACTH y MSH (Ferrari y Gessa, 50´s – 60´s). Como anécdota, decir que han sido descritos bostezos paroxísticos (como casos muy, muy aislados) tras la práctica de terapia electroconvulsiva. Para entender todo esto algo mejor, podríamos hablar de las bases anatómicas y moleculares implicadas, pero creo que no es el objetivo de esta entrada. Podéis encontrar información al respecto en los enlaces que os dejo.

Por último, comentar brevemente la relación entre la epilepsia del lóbulo temporal. Parece que se describen episodios de bostezos en las fases postictales (tras la crisis) debido que el bostezo sería el reflejo de una elevación de los opiáceos endógenos, considerados como parte de un sistema protector que inhibe y previene las crisis. Otra explicación es que los bostezos que se observan en estos pacientes sean una forma particular de epilepsia temporal. También se habla de este tema en alguno de los enlaces.

En resumidas cuentas…

Como se puede comprobar, podemos seguir hasta donde queramos. Quizás esto solo haya servido para volvernos todos un poco más locos en lo que al tema se refiere. Como conclusión, parece que la idea de vestigio evolutivo es la que con más fuerza irrumpe en el misterioso bostezo (véase entrada “Caprichicos de la evolución (I)”, por A. Aledo). Qué curioso que, en los albores de la humanidad, fuese un mecanismo natural de aviso, una herramienta de comunicación entre sujetos, una forma de sincronizar a los miembros de una población, y que hoy sea considerado incluso como un mensaje antisocial, transmitiendo una sensación de aburrimiento, rechazo, cansancio… que hasta tratamos de disimular colocándonos una mano delante de la boca. Las cosas cambian, al igual que puede que lo hagan estas reflexiones en un futuro. Hasta entonces, esto es lo que sabemos, al menos yo.


Para saber más / Referencias…

Imagen "DSC04359 (Chimpancè)" por broken glass (Creative Commons)
Imagen "Makak neonatal imitation" por Public Lib of Science (Creative Commons)

4 comentarios leave one →
  1. Neytiri permalink
    14 marzo, 2010 2:52

    Rubens es genial!!! Lo estaba deseando! y mi padre también! jaja, mañana mismo se lo enseño y verás que ilusión le hará!
    Gracias!!😉
    great!

  2. Ele permalink
    14 marzo, 2010 10:53

    Sùper interesante🙂 Es eso que todos nos estabamos preguntando🙂 Me encanta la idea de que sea un vestigio evolutivo, y que nos haya servido como arma de supervivencia! Creo que voy a intentar comunicarme así con mi hermana… en plan chimpancé🙂

  3. Neytiri permalink
    15 marzo, 2010 15:36

    por cierto! cuando lo leí bostecé 8 veces!!! (sí, las conté jaja), y ahora acabo de entrar y sólo ver la foto ya he vuelto a bostezar! jejej, qué fuerte! sí que es contagioso, sí… jeje

    un taíno-saludo! papaya! jejej😉

  4. Claire permalink
    23 marzo, 2010 22:59

    Impresionante, Ru me ha encantado. Has conseguido que quede ensimismada, completamente sumergida en el artículo (y mira que eso tiene mérito porque ya me lo habias contado y la anécdota de Carmen Meseguer me la sé desde que sucedió, y hace ya unos cuantos años jajaja). Escribes de cine, pareces un periodista de renombre. El tema es atractivo de por sí, pero con tu gracia y tu empuje se vuelve irresistible.
    ¡¡¡¡Enhorabuena!!!!

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