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Suicidio, ¿el mayor acto de libertad, o una complicación médica?

17 marzo, 2010

Suicidio

La disminución de las defunciones por accidente de tráfico en un 20,7% en 2008 en España ha supuesto que, según el INE y pese a no aumentar su frecuencia, el suicidio se haya colocado como primera causa de muerte “no natural” o “externa” en nuestro país. Véase que las comillas no son aleatorias. Ni mucho menos. Porque, ¿es realmente el suicidio una causa “no natural” de muerte? ¿O por el contrario es una muerte natural o patológica, como puede ser un infarto de miocardio?

Como dijo Carl Menninger, “Tan grande es el tabú del suicidio, que algunos ni siquiera se atreverán a pronunciar la palabra“. Por esto, lo más lejos posible del sensacionalismo, parto en esta entrada de la reflexión y la pregunta anterior sin pretender en ningún momento entrar a fondo en disquisiciones éticas o morales. El suicidio es la causa de muerte violenta más frecuente del mundo, calculándose alrededor de un millón de suicidios anuales en todo el planeta. Pecado para algunas religiones y delito en muchas jurisdicciones, pese a su importancia, es un tema que levanta ampollas, que se evita en conversación abierta, y que provoca taciturnas reacciones y acaloradas discusiones.

Acto de libertad Vs complicación médica.

suicidio, distribución mundial, patología mental

Fig. 1- En este mapa se presenta la frecuencia de suicidio en cada país. Los países con mayor frecuencia en rojo, aquéllos con menor en amarillo. Aquéllos de los que no se disponen datos aparecen en gris.

La pregunta clave, a mi entender, es: ¿qué proporción de la ingente cantidad de suicidios es perpetrada de forma totalmente racional y por personas totalmente sanas? Y aquí es donde entramos en la problemática, porque una de las nociones más aceptadas en el campo del suicidio es que del 87 al 98% de los suicidas presentaban una enfermedad mental de base. Entre éstas cabe destacar los trastornos de la afectividad (depresión unipolar o bipolar) o la esquizofrenia.

La mayor cobardía del mundo es el matarse: porque el homicida de sí mismo da señal de que le falta ánimo para sufrir los males que teme”. Ya adelantó el mismo Cervantes con estas palabras hace cuatro siglos que era esa “falta de ánimo” -que él denostaba- la causante del suicidio. Y es que la “falta de ánimo”, que hoy denominaríamos depresión, se presenta en una grandísima proporción de suicidas.

¿Podría ser considerado entonces el suicidio como síntoma o complicación de una enfermedad psiquiátrica en la mayoría de los casos? ¿Por qué no? Obviamente el hecho de que en las diferentes culturas el suicidio presente frecuencias muy diferentes da cuenta de la influencia sociocultural en éste. Por ejemplo, los países del este europeo son los que presentan frecuencias más altas de suicidio, mientras que el área con frecuencia más baja es América Latina. Pero, ¿no sucede lo mismo con otras patologías? Igual que el tabaco o la dieta pueden influir sobre el sistema cardiovascular produciendo mayor o menor frecuencia de infarto de miocardio, un entorno sociocultural determinado influye en el cerebro produciendo mayor o menor frecuencia de suicidio. De esta manera, como en cualquier otro proceso patológico, podemos hablar de factores de riesgo, ambientales y genéticos, que influyen en la susceptibilidad de cometer un suicidio. De hecho, hasta un 40% de los suicidios se explica por la genética -los más importantes de ellos relacionados con el neurotransmisor serotonina-. Así, se puede influir y prevenir el suicidio, ya sea mediante psicoterapia, medidas poblacionales, o con fármacos, ya que recientemente se ha demostrado que el uso de antidepresivos puede prevenir la ideación suicida en algunos casos. Además, se ha descubierto estudiando autopsias de suicidas y fallecidos por otras causas, que los cerebros de aquéllos que fueron víctimas de abusos durante la niñez presentaban marcas epigenéticas en el gen del receptor de glucocorticoides (GR) en células del hipocampo diferentes a aquéllos que recibieron cariño y atención por parte de los padres, haciendo a los primeros más proclives a cometer suicidio. Esto demuestra la importancia de los cambios epigenéticos en el embarazo e infancia con vistas a la salud futura (ver “Guerra, hambruna, serendipia y epigenética”), y podría abrir una puerta al tratamiento con fármacos modificadores de las marcas epigenéticas, y también al diagnóstico y prevención del suicidio (aunque por ahora no parece demasiado favorable el riesgo-beneficio de realizar una biopsia en el hipocampo…).

Entonces, ¿por qué considerar el suicidio como una causa de muerte “no natural” diferente al resto de patologías médicas? Se podría argumentar incluso que igual que ocurre con el fallo renal en las enfermedades nefrológicas, o la insuficiencia cardiaca o la muerte súbita en el caso de las enfermedades cardiacas, siendo algo simplistas el suicidio sería la forma de muerte por “fallo cerebral”, la complicación que llevaría a la muerte en las enfermedades mentales, cuando el fallo es tal que el cerebro suprime una de sus principales funciones, el “deseo de vivir”, o de “mantener la vida a toda costa”.

¿Oportunidad de cambio? ¿Plan de prevención del suicidio?

Muchos de los lectores estaréis pensando: ¿entonces debemos patologizar el suicidio? ¿Consideraremos enfermo a todo el que intente quitarse la vida? Por supuesto que no, pero darnos cuenta de que una gran mayoría de individuos que intentan suicidarse presentan una patología mental, y considerar este intento como síntoma o complicación de la misma patología, puede darnos una herramienta de cambio, una oportunidad terapéutica. Os sonará el típico cliché de “acaba con tus problemas, no con tu vida“. Quizás esta frase tópica encierre más verdad de la asumible a priori, y posiblemente pueda servir para situar la posición del sanitario como catalizador de una buena respuesta.

depresión, suicidio, patología mental, genéticaLa persona que sin sufrir una psicosis como la esquizofrenia -ya que en estos casos puede que la causa sean voces en su cabeza ordenándoselo-, presenta ideas suicidas o ha realizado un intento de suicidio normalmente tiene, o valora, una serie de razones para hacerlo. Estas razones además pueden estar más o menos magnificadas por la patología de base, que frecuentemente será una depresión. Por lo que puede que en algunos casos esta situación refrende un despertar o aflorar de ideas que se encontraban aparcadas en lo más hondo, o que no se querían aceptar. Por ejemplo, una persona que fue víctima de maltrato infantil, ha pasado una vida difícil, y a los treinta y pico años de repente se hace consciente de su realidad y comienza a tener ideas suicidas, en realidad presenta una oportunidad terapéutica. En vez de taparnos los ojos, considerar que “es totalmente libre de quitarse la vida”, y mirar hacia otro lado, quizás sea el momento de tomar medidas y realizar terapia, para ayudar a la persona a aceptar lo vivido y reconstruir un nuevo porvenir. De este modo, la ideación suicida sería un signo “positivo”, que representaría una posibilidad de mejora con terapia adecuada. Además, por cada persona que consuma el suicidio hay 30 ó 40 personas que han intentado suicidarse, y aquí es donde más fácilmente se puede actuar.

El principal handicap es la estigmatización. Pero puede que en un futuro no muy lejano, junto al plan de prevención de diabetes midiendo la glucemia, o del cáncer de mama haciendo una mamografía, se haga una estrategia de prevención, por ejemplo, preguntando a los pacientes por si se han planteado el suicidio en las dos últimas semanas –de hecho, se ha demostrado que si realizas esta pregunta a personas que van a la consulta del médico de familia por cualquier motivo un 10% responderán afirmativamente–. Prevenir y tratar a los posibles suicidas es la idea de un plan piloto que ya se lleva a cabo en el barrio barcelonés de El Ensanche Derecho, impulsado por la suicidóloga Carmen Tejedor.

Un problema complejo con difícil solución en la situación actual…

Pero un gran problema al que se enfrenta el abordaje del suicidio es su difícil etiqueta moral. Por ejemplo, centrándonos en la noticia que motiva la entrada, resulta curioso ver cómo en la clasificación de las causas más frecuentes de muerte -ver en referencias- aparece la “causa externa (o no natural) de mortalidad” –la cual incluye al suicidio– en el sexto lugar, justo por encima del grupo denominado “enfermedades mentales y del comportamiento” donde las estadísticas incluyen por ejemplo a la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Pero realmente el grupo de mortalidad por “enfermedades mentales o del comportamiento” debería incluir al suicidio y no a estas enfermedades que cito, ya que es la forma de muerte de las verdaderas enfermedades mentales y del comportamiento, por ejemplo la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

Hamlet, suicidio, patología mental¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué el suicidio no se aborda como se hace con otras entidades? Los suicidios no salen en las noticias, el suicidio no es un tema de conversación, el suicidio es una de las principales causas de muerte de la población y en cambio sólo se le dedica una clase en toda la carrera de medicina… El suicidio es un tema tabú con mayúsculas. Y será complicado que en un futuro se considere como consecuencia de una enfermedad, porque entonces estaríamos exculpando del pecado o del delito al suicida. Incluso Shakespeare dice, en boca del padre de Hamlet, que este último moriría “en la flor del pecado“.

Está claro que las cosas no son blancas, ni negras, ni puramente grises. Es difícil casar las dos visiones encontradas del suicidio. Por un lado, el etiquetar al suicidio como acto de total libertad es totalmente falso, porque está condicionado por patologías, por el contexto sociocultural, o incluso por la genética. La misma suicidóloga Carmen Tejedor señala: “yo nunca he encontrado libertad en un suicida“. Por el otro, etiquetarlo como una posibilidad sólo patológica no deja de ser extremo. Entremezclada con estas visiones habría que tener en cuenta además la evolución histórica de su concepción, y también la visión jurídica y religiosa actual, que mucho tienen que decir al respecto… Por todo lo anterior, la naturaleza poliédrica del suicidio, que podría ser considerado un wicked problem –presentado este concepto en el contexto de las enfermedades mentales en “Hacia una psiquiatría post-normal” de Neurociencia-Neurocultura–, exige un acercamiento mucho más complejo que el de esta entrada. Así, las consideraciones del suicidio como acto de total libertad (mitificándolo), o como pecado (demonizándolo), serían dos caras de la misma moneda, la de ahondar en el estigma.

Hay mucho camino por hacer. Según el psicólogo Thomas Joiner, “más del 40% de la gente que ha perdido un ser querido porque se ha suicidado mentiría sobre la causa de la muerte.” El estigma está lejos de superarse. Pero, un primer paso podría ser cambiar nuestro discurso y nuestras etiquetas. El cáncer ha sido un tabú durante años. Incluso en las necrológicas nunca se citaba el nombre de la enfermedad, ya que se decía “fallecido tras una larga y penosa enfermedad”. En los últimos años, la salida a la palestra de muchos casos de cáncer en personajes famosos que han hablado sin tapujos de su enfermedad ha ayudado a quitar el estigma sobre el cáncer, lo que ha favorecido a su vez el fortalecimiento de su prevención. El primer paso para la prevención del suicidio seguramente pase por dejar de estigmatizarlo, empezando por los profesionales y el sistema sanitario, que tiende a deshumanizar las enfermedades.

A pesar de los avances, la enfermedad mental ha sido y sigue siendo la gran olvidada. Derrochamos millones en trasplantes multiorgánicos y en terapias biológicas quiméricas pero invertimos una miseria en intentar mejorar la salud mental de la población, esa salud que además representa la clave en el denigrado suicidio. ¿Qué sentido tiene para una persona prolongar su vida cinco años más gracias a un trasplante de ocho órganos diferentes si después su vida es desgraciada, gris, anhedónica o agónica por una depresión severa? Para el doctor Roland Jaccard “el hombre de la modernidad es en efecto un hombre débil, desarmado, castrado podríamos decir. Y aislado también. Es el hombre de la tecnología fría y los afectos dispersos; el hombre del exilio interior. Esquizoide fuera de los muros del hospital; esquizofrénico dentro de ellos”.


Para saber más / Referencias…

Imagen "800px-Suicide_world_map_-_2009_Male.svg" por Wikimedia (Creative Commons)

16 comentarios leave one →
  1. J. Abellán Enlace permanente
    18 marzo, 2010 15:33

    Me ha parecido un artículo magnífico. Coincido contigo en que el principal problema del suicidio es la gran estigmatización con la que se enclaustra, y el tabú que representa en la sociedad actual.
    Tenemos el deber moral y social de cambiar esta percepción, hemos de empezar a ver la ideología suicida como el síntoma que puede ser, con sus pros en cuanto a la mejora de su tratamiento y prevención del acto suicida. Me ha gustado mucho que muestres cómo podemos aprovechar algo que parece falto de significación en un marcador de patología o en un arma terapéutica. Espero que nuevas investigaciones nos sigan abriendo más los ojos respecto a este tema.

  2. 18 marzo, 2010 20:36

    El agujero negro que existe en torno al suicidio en la sociedad hace irrebatible tu discurso. Cuando comiencen a tenerse en cuenta todas y cada una de las ideas que has señalado, entonces y sólo entonces se podrá aseverar que el suicidio es, o no, otra consecuencia más de una disfución cerebral. En tanto, creo que es demasiado aventurado hablar del suicidio como una causa “no natural” de muerte, y mucho más aventurado todavía es hablar de él como un “acto de libertad”. Ello parece más bien pura ignorancia.

    Personalmente a mi me has convencido y me has hecho reflexionar. Yo te haría las siguientes preguntas: ¿Cuál sería el primer paso que tú propondrías para iniciar el giro de 180 grados en cuanto al tema del suicidio? ¿Qué plantearías tú que habría que hacer con aquellos pacientes en los que el “screening de suicidio” diera positivo? ¿Es la desumanización y desconsideración del paciente psiquiátrico por parte de los profesionales de la Medicina uno de los factores claves que, de ser cambiado, podría corregir la tasa de suicidios?

    Excelente entrada Ángel :-)

  3. 18 marzo, 2010 22:16

    Está genial :)

    Por añadir algo, diré algo que un muy buen psiquiatra y psicoanalista dijo en las prácticas al hablar con él sobre todo este tema.

    Dijo que es importante tener en cuenta que el suicidio debe verse como un signo, una oportunidad de cambio (cosa que ya nos ha dicho Ángel), pero no sólo el gesto autolítico tal y como lo entendemos, también las conductas “parasuicidas”, la búsqueda inconsciente de la propia muerte por parte de aquellas personas que viven “al límite” siendo adictas a conductas de riesgo (tema que, por cierto, nos llevó a hablar de la “ruleta rusa del SIDA”).

    Ya no estaríamos hablando de enfermedades, sino de trastornos (o incluso rasgos) de la personalidad, por lo que quizás en estos casos sí podríamos hablar de libertad, el derecho a decidir vivir la vida “a tope” ya sea porque se decide obviar las consecuencias (porque saberlas, quién más quien menos, las sabe… y si no, para eso Mike nos escribe posts sobre lo malo que es fumar, no?- y no estoy diciendo que los fumadores tengan una conducta parasuicida-) o porque, de alguna manera inconsciente, se buscan esas consecuencias.

    Hasta qué punto podría ser políticamente correcta la psicoterapia en personas con esta tendencia, no lo sé, ni pienso que disponga de conocimiento suficiente como para opinar al respecto con cierta tranquilidad. Pero humildemente pienso que alguien que necesite exponerse a situaciones de alto riesgo y llevar una filosofía de vida “al límite” (por su puesto, haciendo alarde de su libertad máxima al poder ponerse por encima del miedo a la muerte), podría afirmar con mucha más seguridad que eso es un acto de libertad si previamente hubiese entendido su propia psicología, si su capacidad de introspección (o insight) fuera buena.

    Y esto último me sirve para enlazar con uno de las posibles formas de prevenir no sólo el suicidio, sino gran número de los trastornos mentales neuróticos. Qué pasaría si desde niños en el colegio se nos enseñara a conocernos, a saber hacer una buena introspección?
    Creo firmemente que la prevención primaria de los trastornos mentales pasa por una buena educación.

    Siento haberme enrollado tanto! y eso que sólo era por “decir algo” jejej
    Genial Ángel ;)

    • 18 marzo, 2010 23:11

      Muchas gracias a los tres por vuestras aportaciones :)

      Vaya preguntas más difíciles me haces Mike! A ver, estoy convencido de que la investigación intensiva en neurociencia puede dar las claves. Pero, debemos tener en cuenta que esta investigación está aún en un estado muy embrionario. De hecho, el movimiento que hoy vivimos tiene unos escasos 20 años, ya que se inició con la declaración por parte del Congreso de EEUU de la década de los 90 como “el decenio del cerebro”. Este movimiento se extendió por todo el mundo y hemos avanzado más en los últimos años que seguramente en el siglo XX completo desde los tiempos de Cajal.
      Como decía Neytiri, la neurociencia ha de llegar a las escuelas. Da mucho miedo la posibilidad de “adoctrinar” a los niños… Pero, ¿y si simplemente nos dedicamos a ofrecer a las futuras generaciones herramientas o armas para afrontar sus conflictos psicológicos futuros? Por supuesto, siempre desde el punto de vista de lo científico y probado. Favorecer una sociedad con individuos maduros e inteligentes emocionalmente sería algo muy deseable.

      Pero la madurez de una sociedad pasa por aceptar y ver los problemas. El hacer ver a la gente que el suicidio es algo más frecuente de lo que pensamos, que se puede hablar de él y, lo más importante, que es evitable. Evitar hablar de los problemas no los soluciona.

      Lo que dice Neytiri sobre las conductas parasuicidas es interesante. Los límites del objeto de actuación son quizás aún difusos. Pero de todas maneras, la gente sería libre de decir sí o no ante la pregunta que se realiza en el screening que comento en el post.
      En cuanto a la actuación tras un positivo en el screening, el ejemplo sería el grupo de Carmen Tejedor. Su grupo ha conseguido disminuir las tasas de suicidio en el barrio donde trabajan.
      Podéis ver el plan en este link: http://www.suicidioprevencion.com/pdf/planprevencion_esp.pdf

      Pero de manera resumida, los tres mecanismos novedosos de actuación que ellos proponen son:
      · la optimización de los recursos existentes para la asistencia a pacientes con riesgo suicida.
      · la implementación de “coordinadores o supervisores” del tratamiento continuado del riesgo
      suicida (ellos los llaman “agentes antilíticos”).
      · La creación de tratamientos con psicoterapia grupal o individual para pacientes suicidas.

      Está claro que las tasas de suicidio varían de manera brutal en los países con contextos socioculturales diferentes. Habría que preguntarse entonces qué pasa en Sudamérica para que haya las tasas más bajas del mundo, o qué hacen mal en los países excomunistas del este europeo o en Japón para que tengan tasas tan altas.

  4. 19 marzo, 2010 17:54

    Tras ver todos vuestros geniales comentarios me veo en la obligación de mostrar a la gente que el suicidio no es solo cosa de la especia humana (ni que esto fuera un blog de médicos ajajá)

    Hay algunos casos de animales que parecer ser que pueden tener tendencias suicidas pero en ningún caso esta del todo claro ni se ha demostrado por completo.

    Es conocido el caso de unos roedores llamados Lemmings (seguro que todos nos acordamos de aquel videojuego de hace varios años…). Es absolutamente falso que los lemmings se suiciden en masa. Lo que sucede en realidad es que sus poblaciones fluctúan de un modo exagerado y, cuando esto sucede, los lemmings emprenden largas migraciones en busca de un nuevo hábitat que no esté superpoblado. Y en contados casos, al llegar al borde de un acantilado o ante una masa de agua, los lemmings continúan su peligroso camino con la esperanza de hallar un nuevo hogar. Como vemos, su intención es la contraria a perder la vida.

    Otro ejemplo podría ser el de los Salmones, que remontan el río hasta su nacimiento para hacer la puesta de los huevos y luego mueren. Esto tampoco es suicidio, es meramente una cuestión biológica, están programados para ello, no mueren porque estén deprimidos “por no tener ya objetivos en la vida” (que conste que no trato de ridiculizar la depresión…) sino porque biológicamente no tiene sentido que sigan viviendo, ya han cumplido su función aunque algunos salmones si son capaces de volver al mar y volver a hacer una segunda puesta tras remontar el río de nuevo (esto último solo lo hace el Salmón Atlántico)

    También hay otros casos como el de las ballenas, que al parecer son la especie que mas se suicida en masa. Son numerosos los casos de ballenas varadas en la playa sin explicación natural, incluso ha habido casos en los que se les ha devuelto a altamar y ellas han vuelto por si mismas a la playa solas para morir (dando la sensación de una intención clara de suicidio).
    Por otro lado también las aves que viven en parejas pueden llegar a deprimirse si el otro miembro de la pareja muere y todos conocemos el caso de los perros, que pueden llegar a “sentir” tantas cosas como el hombre.

    En fin, perdonadme por salirme de la medicina, jeje

    Un saludo a todos.

    • 19 marzo, 2010 18:46

      Muy interesante lo que cuentas. La verdad es que ahí supongo que están entremezcladas muchas cosas. Primero comportamientos naturalmente codificados (sería el caso de los salmones o de los lemmings, ¿no?). Luego las muertes en masa de las ballenas varadas, de las que he encontrado que “la del suicidio sería una hipótesis romántica”. No deja de ser verdad que las ballenas van a morir a la playa por su propio nado, pero parece que estarían condicionadas por causas como la contaminación química o acústica del mar. En cualquier caso ésta sería una prueba de “condicionamientos orgánicos” que algún caso podría producir un fallo en el deseo natural de mantener la vida. El caso de los perros quizás sea el más “humano”. Perros que mueren por inanición tras la muerte de sus amos de toda la vida… O el de las aves que pasan toda su vida en pareja, y cuando la pierden, dejan de comer (yo mismo tuve una pareja de gansos en la que, tras morir el macho de una neumonía, la hembra quedó retraída y sin hambre hasta que murió también…). ¿Es eso suicidio? Claramente no igual al humano, pero comparte similitudes…

      El caso a estudiar quizás sería el de los primates. En este vídeo aparece un mono con comportamientos algo parasuicidas (presenta tendencia impulsiva, deseos de llamar la atención… ¿trastorno límite de la personalidad en un simio?) :)

      Gracias por tus aportaciones de biólogo ;)

  5. 19 marzo, 2010 20:17

    Efectivamente diría que tienes razón.Creo que se debería invertir más en salud mental, aparte de muchos suicidios nos ahorrariamos muchas más historias,pero me temo que mientras existan ciertos colectivos o ideas colectivas que no acepten la realidad del suicidio lo tenemos crudo.Como bien has dicho existiría una relación entre el factor genético de cual nadie tiene culpa, y cómo no del ambiente, de este supongo que todos tenemos un poco de culpa..pero en ningún caso se debería de llamar cobardía,porque resulta deleznable el hecho de juzgar a nadie sin saber verdaderamente de qué estamos hablando, puesto que del funcionamiento del cerebro estamos ahora empezando a saber “algo”.En resumidas cuentas , es muy fácil mirar para otro lado , no querer mojarse,tratar de engañarse y de engañar, intentando cubrir con prejuicios cualquier tema que resulte “molesto” y/o incomodo como es ,verdaderamente, el tema del suicidio y de los trastornos mentales que parece que tanto nos averguenza hablar.

  6. 20 marzo, 2010 0:46

    Ángel, no voy a repetir lo ya comentado por los lectores, sólo decirte que el artículo está genial. Me ha parecido muy interesante el tema del Suicidio, y sobre todo, como contrastas los diferentes puntos de vista. Una vez más: enhorabuena!

  7. 25 mayo, 2010 15:37

    “¿Qué sentido tiene para una persona prolongar su vida cinco años más gracias a un trasplante de ocho órganos diferentes si después su vida es desgraciada, gris, anhedónica o agónica por una depresión severa?”

    Y yo digo:

    ¿Qué sentido tiene para una persona prolongar su vida cinco años más gracias a la administración de antidepresivos o cualesquiera otros tratamientos (¿atarlos de manos?) si después su vida es desgraciada -porque vive en la extrema pobreza-, gris -porque murió su compañera-, anhedónica -porque no ha encontrado sentido a su existencia- o agónica -por un cáncer fulminante-?

    Del mismo modo que yo no puedo obligar a un paciente a tomar un tratamiento que no desea (autonomía del paciente, lo llaman), aún viendo el suicidio como una patología -que yo no lo afirmo así- el obligarle a vivir, cuando así no lo desea, va en contra de su libertad de decisión.

    Todas las causas de suicidio que he mencionado, se me podría decir, son “solucionables”: con una organización social que satisfaga las necesidades básicas y reales de las personas, con aprender a aceptar el proceso de muerte como algo natural y ser capaz de entablar nuevas relaciones sentimentales, con que la actividad humana sea la materialización de sus potencialidades -medio para su realización personal- y no el mero vehículo para la obtención de capital con el que sobrevivir y consumir, con mejores tratamientos para el cáncer no sólo a nivel físico sino terapia psicológica coadyuvante -que es indispensable, aunque rara vez se aplique-.

    Añado: ¿Qué en estas condiciones disminuirían los suicidios? Aunque me tache -yo misma- de necia, lo juro y perjuro. ¿Qué aún así habría quien optara por quitarse la vida? También, con la necedad que me caracteriza, lo asevero. ¿Pero quién soy yo para imponerle a una persona la existencia en determinadas condiciones internas o externas? Yo le diría que luchara por sus derechos (que mientras unos mueren de hambre hay otros hinchándose a caviar), que su compañera no era el todo de su vida y vale la pena vivir por uno mismo, que siempre hay algo que se nos da bien hacer y nos gusta y que sólo eso constituye un tesoro para la humanidad y sobre todo para nosotros mismos, que el dolor de un cáncer o la limitación que producen las amputaciones coexiste con la maravilla de ver crecer a tus seres queridos y pintar el cielo con un pincel en la boca y que sólo por eso merece la pena estar vivo.

    Habrá quien no entienda de pastillas o razones y tiene derecho a no querer vivir en condiciones infrahumanas, a no poder vivir sin su amada, a que la vida no le suponga nada estimulante, a no querer sufrir una enfermedad.

    Como médico, considero que sería “omisión del deber de socorro” no motivarle con esta retahíla de argumentos para seguir viviendo, del mismo modo que lo sería no intervenir psicológicamente en un paciente que acude a mi consulta por depresión sólo porque yo soy “especialista en otra cosa” y tengo pereza de mandar una “interconsulta” o dedicar 5 escasos minutos a preguntarle qué le pasa, o peor aún, derivarle a un hospital (como el Morales Meseguer, que me costa personalmente) en el que sólo atiendan 2 psicólogos con consultas de 20 minutos 1 vez cada 2 meses y un psiquiatria con lista de espera de un año.

    Pero si después de todo esto la persona decide quitarse la vida, está en su derecho. Aunque habrá ocasiones en que no se podrá intervenir por la inmediatez del acto, a lo que no veo como solución hacer un screening para quien no lo haya solicitado, del mismo modo que un paciente tiene derecho a no querer saber que tiene un cáncer o la posibilidad de tenerlo, por más partidaria que yo sea de informar ante todo.

    De acuerdo con que el suicidio es un tabú, pero yo añadiría que se trata de un tema proscrito que deriva del verdadero gran tabú de la humanidad y del que derivan todas las religiones existentes: “la muerte”. Somos el único animal consciente de su caducidad y la sola idea de desaparecer resulta tan angustiante que el ser humano se ha inventado toda clase de mecanismos de evasión: la religión, para resumir. Pero no sólo a través del la religión se intenta evadir el tabú de la muerte, la medicina -ejercida con una actitud fundamentalista- puede serlo también. La ciencia dice: no fumes, no comas esto, no hagas lo otro, no mueras… ¿y qué digo yo? la última palabra, espero.

    El día en que veamos tan natural nuestra propia muerte, como la de un pájaro silvestre que se deja morir en la jaula que le aprisiona, o el de una mariposa que sólo vive 9 días, a lo mejor pensamos que lo más importante es cómo vivimos y no cómo muramos. Y que la muerte de un ser humano no es más solemne que la de cualquier otra criatura. La vida merece respeto y nuestras decisiones, acertadas o desacertadas, también. A lo mejor entonces nos decidamos a abrir la puerta de nuestro presidio y dar la vuelta al mundo en 9 días.

    Me pregunto, antes de que alguien lo haga primero: ¿Hasta que punto podemos decir que actuamos libremente al tomar nuestras decisiones?

    Por ejemplo, etólogos han escrito mucho sobre los mecanismos inconscientes de la elección de pareja, no sabemos aún hasta que punto el inconsciente -los conflictos que resolvemos cuando dormimos, por ejemplo- determinan nuestro comportamiento de día a día, o qué tanto y en qué ha influido el trato de nuestros progenitoes en la constitución de nuestro carácter, o cómo las neuronas espejo nos llevan a reproducir el patrón social que se nos dicta sin siquiera darnos cuenta, etc, etc.

    Quizás nunca lo sabremos, aunque cada vez creamos controlar más el conocimiento de la mente humana (teoría del caos, dicen por ahí). Lo cierto es que yo, en nombre de nadie: ni de la ciencia, ni de dios, ni a título personal, voy a obligar a nadie a vivir si así no lo desea; del mismo modo que espero se me respete la decisión de no vivir cuando yo lo considere. Eso sí, prometo aguantar con paciencia y educación todas las persuasiones que -la gente que me cuida y que me quiere- quizas intente alegar o tal vez no -porque me comprendan-.

    ¿Qué somos? ¿Lo que estamos genéticamente predestinados a ser? ¿Lo que potencialmente podemos ser? ¿Lo que nos permite ser nuestro entorno? Todo ello mezclado. Yo soy también el resultado de mis estados de salud y enfermedad, incluyendo -por supuesto- mi bienestar y malestar espiritual (porque la salud, que no se olvide, es el estado de bienestar físico, psíquico, social y espiritual -aunque esto último se omita siempre-). Del mismo modo que no habría Girasoles de Van Gogh sin esquizofrenia tipo paranoide, no hay personalidad sin “pataología”, si entendemos como patológico todo lo que se sale de la normalidad. El punto está en que la realidad no es “normal”, la campana de Gauss sólo es una forma de aprehender la realidad y yo no estoy dispuesta a verlo todo en términos de normalidad estadística. Si bien ha sido una herramienta indispensable para los descubrimientos de los que ahora nos beneficiamos el ignorar que existen unos extremos de la imperfecta campana sería equivalente a decir que todos los pacientes deben ser tratados igual. No somos iguales y el verbo tratar no es incompatible con respetar.

    Comprensión… creo que ese es el punto. Pero a lo comprensión no se llega con el mutismo, sino hablando alto y claro sobre lo que nos ocupa. Cuando se hable de la muerte y del suicidio, así como del cáncer y el sexo, sabremos que vamos por buen camino.

    Salud y Saludos.

    • Stradivarius Enlace permanente
      15 septiembre, 2010 3:31

      Tu intervención ha sido la más humana que he leído. Yo me pondría en tus manos, aunque sea para tomar un café y charlar. Gracias por tu humanidad.

  8. 25 mayo, 2010 17:40

    Gracias Zorionak, has dejado muchas reflexiones interesantes en tu texto.

    Primero, de acuerdo en que hay muchas condiciones: psicosociales (pones como ejemplos extrema pobreza, muerte de compañera…), patológicas (las que yo expongo en el post) etc… Y claro que intentando luchar contra todas ellas, unas y otras, se podría disminuir la tasa de suicidios. Y totalmente de acuerdo en que seguramente una tasa de suicidios (menor) seguiría existiendo… Pero eso es lo deseable ¿no? Lo que planteo es que el intento de suicidio puede ser una buena noticia en cuanto a una ruptura con un pasado indeseable, y una oportunidad de rehacer las cosas mal hechas y de detectar “puntos a tratar”. Igualmente puede pasar con el screening que ya se hace en un barrio de Cataluña.

    Estas medidas, y es lo que intento enfatizar, van en contra de aquel suicidio realizado por personas que quizás no poseen toda la libertad que debieran (qué difícil decidir cuánta libertad tiene una persona en un momento determinado…). El caso es que si consigues dejar en la mejor de las situaciones a la persona será ella la que voluntariamente y con “plena libertad” se suicide. Pero estoy seguro de que esos suicidios serían mucho menos numerosos. En ningún caso ese screening obliga a nada a nadie, simplemente pone sobre la mesa una posibilidad, la de que se le ofrezca ayuda, ayuda que igualmente -con plena autonomía- el paciente podrá rechazar. Sin embargo, hay muchas personas con necesidad de que les ofrezcan ayuda. Y es por ello que creo fervientemente que enfatizar en la libertad del suicidio es perjudicial. No me malinterpretes, porque tampoco enfatizar en lo patológico, o en lo pecaminoso del acto es más beneficioso. Como siempre el justo medio es lo más deseable.

    Me ha gustado lo que planteas de la “omisión del deber de socorro”. ¿Y no crees que sería bueno una formación, por ejemplo de los médicos de familia o de todos los médicos en general, en saber actuar ante un posible suicida? No hablo de quitar libertad al paciente, sino de ayudar al paciente a ejercer su libertad en las mejores condiciones.

    En cuanto a lo que comentas de hasta qué punto actuamos libremente… Tienes toda la razón. De hecho la mayoría de expertos sobre la conciencia piensan que el “libre albedrío” como tal no existe… Aunque ellos actúen como si existiera, y no se pueda aceptar, ya que los problemas legales y sociales que traería esa idea serían sinónimo casi de revolución.
    Te dejo un link de un artículo muy buendo de un psiquiatra donde se habla de esto:

    Una ciencia para la conciencia

    También veo acertada tu visión de que la normalidad y la patología son difíciles de diferenciar, y que ambas merecen el mismo respeto. También que muchas patologías (por ser realmente parte extrema de la dichosa campana de Gauss) son en realidad “polimorfismos” o características a fin de cuentas de algunas personas. Y que muchas otras “características patológicas” acompañan a la persona de tal manera que no serían las mismas sin ellas, o incluso no querrían vivir sin ellas. Y a colación de esto, te pongo otro link de un post breve en el que recomendé un libro de Oliver Sacks. En este libro, por ejemplo, se habla del caso de un ciego al que le consiguieron devolver parcialmente la vista (casi obligado) ya en la adultez, y al que esto resultó quizás más dañino que beneficioso:

    La neurología diferente de Oliver Sacks

    Gracias de nuevo por tus aportaciones, y espero que el blog te haya gustado y te volvamos a leer por aquí :)

    • Stradivarius Enlace permanente
      15 septiembre, 2010 3:35

      No es deseable que suba la tasa de suicidios, pero en semejantes “condiciones ambientales” me imagino que la divina sertralina no será suficiente. El compromiso y la compasión – esa palabreja que muchos identifican lamentablemente y sólo con el Vaticano- sí.
      No deja de ser jugoso el artículo…

  9. Stradivarius Enlace permanente
    15 septiembre, 2010 3:23

    Mujer de 43 años sin trabajo, extranjera, sin recursos y con una madre mayor cardíaca. Sin familia ni ayudas del gobierno, vive de alquiler. Un alquiler que el mes que viene ya no podrá ganar. Va al médico con su madre, que es hipocondríaca, y le cuenta a la desesperada, a su médico, que está pensando en suicidarse porque ya no aguanta más. La médico le dice que saque turno y le da una pastillita para que se la ponga debajo de la lengua (un diazepan). Claro, cabe preguntarse que pudo pasarle a esta mujer ANTES para llegar a donde ha llegado. Vuelvo a repetir: Mujer de 43 años sin trabajo, extranjera, sin recursos y con una madre mayor cardíaca. Sin familia ni ayudas del gobierno. Como añadido: cada vez que lo cuenta a sus escasos amigos, estos le dicen que no sea cobarde, callan o dan la espalda.
    Ahí tienes la causa del posible suicidio de esta mujer. A ver quién en su lugar tendría los huevos no de enfermar, sino de resisitir a semejante desventura vital. Luego cerrarán el caso diciendo que estaba deprimida.
    Buen artículo, pero no he leído ni una sola mención a casos “no representativos” como el que describo. Y son los que +.

    • 17 septiembre, 2010 0:57

      El caso es que es difícil separar lo biológico, lo psicológico y lo social, y más aún desenredar del todo la maraña de un tema complejo como el suicidio. En cualquier caso no pretendía en ningún caso tribializar el tema limitándolo a que la solución pase por la sertralina de turno. Pero sí que veía interesante enfatizar en las posibilidades que tiene el médico y el sistema sanitario de incidir en esta causa de muerte tan frecuente como tabú, porque puede ayudar en muchísimos casos (y como comento en el artículo ya hay estudios que lo demuestran). Por supuesto, ni el sistema sanitario, ni un médico individualmente podrán podrán hacer nada en algunos de los desencadenantes de las patologías psiquiátricas: pobreza, paro…
      Es fácilmente constatable el hecho de que las situaciones sociales influyen, haciendo muchas veces de gatillo para que muchas personas decidan suicidarse. De hecho, hay varios estudios que relacionan los cambios en la tasa de paro con el aumento o disminución proporcional de la tasa de suicidios. Pero a ningún gobierno le conviene publicar esos datos. Quizás por esto no son del dominio público.
      Un saludo y gracias por tu aportación Stradivarius.

  10. Stradivarius Enlace permanente
    18 septiembre, 2010 0:24

    No creo que se trate de separar, creo que justamente es ahí donde reside el problema. En que con toda la buena intención, hasta los “mejores” especialistas se empeñan en… separar, cuando en realidad habría que integrar. Entonces, si lo miramos desde un aspecto integrador, los médicos forman parte del sistema social tanto como los enfermos. No es que la gente en el paro y los que no lo están y gozan de “buena salud” por ser sus condiciones menos extremas, formen parte de una sociedad diferente… forman parte de misma. Una sociedad que ingenuamente separa y excluye todo lo que no le conviene. Una sociedad “del placer” que ve la paja en el ojo ajeno y se rasga las vestiduras llorando por África, mientras olvida que quizá en la nevera del vecino de al lado… ya no haya ni para comer. Estas sociedades opulentas me dan risa, y también una cierta forma de pena. Pretenden explicarlo todo por estadísticas, pero hay gente DE CARNE Y HUESO, de verdad, que podría escribir enciclopedias acerca de la vida real. Pero esta gente no entra en las estadísticas.
    El suicidio tratado como enfermedad per se es lo que le interesa a los gobiernos. Nunca, o casi nunca, se responsabiliza a los funcionarios del sistema. Mucho menos a los médicos. Estos deberían recordar que cuando un paciente llega desesperado a la consulta amenazando con suicidarse, es que puede hacerlo. No lo dice por decir. No se trata de otro coñazo al que te sacas de encima cuando se cumplen los 10m minutos del protocolo. pero es lo que suele pasar.
    Síntesis: el médico cumple con el protocolo, igual que el gobierno cumple con el protocolo del ocultamiento y el resto de la sociedad sigue el protocolo de colgar del suicida la etiqueta de pirado o de cobarde. A esto yo lo defino como un problema moral. Básicamente, un problema de DESINTEGRACIÓN moral (perdona las mayúsculas, no estoy gritando, es que no sé cómo va la bastardilla). Todo lo demás, creo que se mejora con prozac o alguna cosa más fuerte.

    Nuevamente, un saludo.

  11. 10 julio, 2011 22:17

    Hola amigos. No tengo ningún padecimiento, estudio filosofía y estoy a favor de la desestigmatizacion y del suicidio.
    Si una persona ha vivido cumpliendo sus objetivos, si ha hecho lo que ha querido, si tuvo lo que quería ¿por que razón no podría terminar su vida cuando le plazca?
    Me gusta el articulo, aun así, pienso que solo se observa un aspecto del problema porque es un tema tabú. Si alguien se ha suicidado y tiene sus razones, no es indiferente respetar su decisión. Ni romántico.
    Una vez que yo alcance mi plenitud y metas en la vida y antes de envejecer, me suicidare y estoy en uso de mis facultades para decidirlo. Saludos y buena vibra.

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