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La plasticidad inmortaliza el desarrollo

31 marzo, 2010

El desarrollo no acaba con el nacimiento

Se tiende a pensar que el desarrollo tiene fecha de caducidad, únicamente incluye la fase embrionaria, y acaba con el nacimiento. O que como mucho incluye también la etapa juvenil y concluye con la madurez reproductiva. Pero esta visión nos obceca, nos limita a pensar en cada individuo de manera estática una vez “maduro”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, creo que el desarrollo se alarga indefinidamente mucho más allá del parto o de la primera menstruación, y esto se produce gracias a tres sistemas de cambio en nuestro organismo. ¿Se os ocurre cuáles son?

Según Wikipedia, la ontogenia o desarrollo se define como “la historia del cambio estructural de una unidad sin que ésta pierda su organización. Este continuo cambio estructural se da en la unidad, en cada momento, o como un cambio desencadenado por interacciones provenientes del medio donde se encuentre o como resultado de su dinámica interna”.

En esta definición no se habla de parto, ni siquiera de madurez sexual. Se habla de cambios, y se establece que éstos se ven generados por el medio, o por la dinámica interna. Estos cambios serían adaptativos y en el caso de los producidos por el medio ambiente yo los llamaría “aprendizajes” –entendido aquí aprendizaje como capacidad de cambio para responder de mejor manera ante el ambiente–. Así, la concepción del desarrollo más allá de una fecha de caducidad incide en nuestra naturaleza moldeable y adaptativa –dentro de unos límites, como dice en la definición de arriba “sin perder nuestra organización”–, con capacidad de aprendizaje de respuestas ante un medio ambiente cambiante e incluso caótico.

¿Cuáles son nuestros tres sistemas plásticos?

Posee nuestro organismo tres sistemas de cambio más allá del puramente embrionario o madurativo clásico. Como comentaba, estos cambios nos convierten en seres moldeables y adaptables, pero además nos permiten no sólo responder a los estímulos externos, sino también “aprender” a responder ante los mismos.

En primer lugar todos habréis pensado en la plasticidad neuronal. La capacidad de moldeado de nuestras redes neuronales y conexiones sinápticas mantiene el aprendizaje, aunque quizás con menor efectividad, mucho más allá de nuestra época escolar o universitaria. La plasticidad neuronal nos permite generar memoria de acontecimientos, de habilidades, de reconocimientos… Todo para adaptarnos, para aprender (en este caso sin comillas ya que es el uso habitual del verbo) a adaptarnos al medio.

El segundo sistema en discordia sería el de la generación de memoria inmunológica, que podríamos llamar plasticidad inmunológica. Por medio de mutaciones a gran velocidad, nuestro sistema inmune produce anticuerpos y células de memoria cada vez más eficaces ante microorganismos a los que, esta vez con comillas, “aprendemos” a combatir más eficientemente tras una primera exposición.

Por último tenemos las marcas epigenéticas –de las que hablé en entradas anteriores–, la plasticidad epigenética, que de nuevo genera “aprendizaje”, en este caso de qué genes es conveniente expresar con arreglo a las diferencias en el medio ambiente. El “software epigenético” vertebra así todo el sistema como referente orquesta de los cambios a corto y medio plazo de nuestra experiencia vital, y lo hace junto a los equivalentes neuronales e inmunológicos ya vistos.

A la sazón, todos estos cambios se están generando de manera continua y determinan que nuestro desarrollo no acabe con el nacimiento, ni con la madurez sexual, ni siquiera con la jubilación. Nos pasamos la vida desarrollándonos. El desarrollo es sinónimo de aprendizaje y de vida, y sólo con el fin de esta última puede terminar.

Implicaciones patológicas…

Es más, los fallos en los sistemas plásticos producen patología, mediante el “aprendizaje” de respuestas inadecuadas, desadaptativas o nocivas. Por ejemplo, variaciones de la plasticidad neuronal pueden producir enfermedades mentales ante determinados estímulos externos, fallos en la plasticidad inmunológica pueden generar enfermedades autoinmunes, y fallos en la plasticidad epigenética (mutaciones epigenéticas) pueden llevar a neoplasias.

Quizás el modificado de estos tres sistemas sea el tratamiento etiológico más lógico para algunas de estas patologías. Lo complicado será conocer cómo incidir de manera específica en sistemas tan vastos, complejos y cambiantes. Por el momento, se empiezan a atisbar avances con los fármacos desmetilantes para las neoplasias, o los antagonistas de citoquinas para las enfermedades autoinmunes. Pero estos fármacos, si bien son un avance frente a los quimioterápicos clásicos y los corticoides respectivamente, siguen siendo bombas de racimo que actúan produciendo grandes efectos indeseables. Además, la última frontera es la plasticidad neuronal, sobre la que es complicado incidir con fármacos, a pesar de que los antidepresivos de última generación han demostrado modularla.

La vuelta de tuerca que faltaba, la evolutiva.

Este concepto de desarrollo, de “aprendizaje”, se puede llegar a solapar además con nuestra visión de la evolución, convergiendo así los conceptos de ontogenia (desarrollo) y filogenia (evolución). De este modo, al igual que el desarrollo de un individuo genera “aprendizajes” por medio de los tres sistemas plásticos ya comentados y no termina mientras el mismo permanece con vida, la evolución continúa mientras exista cambio con “aprendizaje”, pero a nivel de especie. Por ejemplo, podríamos decir que las aves o los murciélagos “aprendieron” a volar, o que las luciérnagas hembra “aprendieron” a brillar en la oscuridad para cortejar a los machos.

Podemos incluso intercambiar así los conceptos: desarrollo de una especie (evolución), y evolución de un individuo (desarrollo). Y el caso es que la evolución también tiene, de nuevo, sus sistemas plásticos, el más importante de ellos la mutación, pero también, según el neolamarckismo, los cambios epigenéticos.

Lo que está claro es que tanto a nivel de especie, como a nivel de individuo, estamos sujetos a cambio, somos plásticos, y eso es muy beneficioso, haciéndose más cierta que nunca la máxima de que lo único estable, es el cambio.


Para saber más / Referencias…


5 comentarios leave one →
  1. Gingerale permalink
    2 abril, 2010 19:12

    Cuando un niño descubre que puede cambiar las cosas se emociona ¿no es así? Todos tendremos muchas anécdotas sobre determinados momentos de nuestro desarrollo, cuando somos conscientes de esta continua posibilidad de cambio: de lo que nos rodea, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos… Es interesante recordar que desde una mutación elemental hasta nuestros movimientos afectivos siguen el mismo patrón ¿Deberíamos salir de nuestra caja de zapatos para entenderlo? Posiblemente, pero estimula intentarlo al menos mientras seguimos en movimiento. Lectura muy relajante, ¡gracias!

    • 4 abril, 2010 21:59

      Precisamente esa es la principal misiva que quería mandar. Somos brutalmente moldeables, aunque todos acarreamos tendencias. Desde el punto de vista médico quizás sean más interesantes los moldeados inmunológicos o los epigenéticos, pero desde el punto de vista psiquiátrico, social y personal, la plasticidad neuronal y de nuestro comportamiento es lo más trascedente. Acabo de ver el Redes de este domingo y precisamente hablaban de la capacidad que cada uno tenemos de ser “héroes” o “malvados”, las mismas personas en las mismas situaciones pueden desempeñar roles diferentes. Somos moldeables, y cada una de nuestras decisiones, comportamientos y contextos nos redefinen. Gracias por tu aportación!🙂

  2. Sara permalink
    10 abril, 2010 9:08

    Tenemos un barco número 1 al que vamos cambiando las piezas conforme se van estropeando… ¿al cambiar una pieza sigue siendo el mismo barco? ¿y al cambiar varias? ¿y si las cambias todas? Si construimos un barco número 2 con las piezas del número 1 ¿seguiría siendo el barco número 1 o sería un barco distinto?

    Si en lugar de barcos son personas, y en lugar de piezas células…¿qué opinais?

    • 10 abril, 2010 14:20

      Hola Sara,

      Después de leer tu comentario y en base al presente artículo, llego a la conclusión de que la plasticidad es infinita, al igual que lo es el desarrollo. Por cierto, una bonita analogía la que has planteado, dan mucho que pensar tus palabras.

      Bienvenida por el blog! 🙂

    • 11 abril, 2010 14:19

      Hola, bonita reflexión Sara.

      Para contestar a la primera parte de tu analogía, te diré un dato bioquímico curioso:
      Todos los átomos de nuestros cuerpo (todos, unos 10 elevado a 27…) son diferentes por haber sido recambiados en un plazo de 5 años… ¡Ni uno de los átomos que está ahora en tu cuerpo estaba hace 5 años, ni estará dentro de otros 5! Y somos la misma persona, por lo que de facto la analogía del barco se da, al menos en su primera parte. ¿Y por qué? Supongo que la respuesta está en la definición de desarrollo que doy al inicio. Al principio dice, desarrollo es “la historia del cambio estructural de una unidad sin que ésta pierda su organización.“. Podemos cambiar y desarrollarnos todo lo que queramos mientras mantengamos la misma unidad estructural y organizativa.

      Y esto me lleva a otro dato bioquímico curioso. Porque quien mantiene nuestra unidad estructural y organizativa es nuestro genoma. Y resulta que una célula recibe entre mil y un millón de lesiones diarias en su ADN por los rayos ultravioleta y otros mutagénicos. Pero tenemos un sistema de reparación (un guardián del genoma, del que forma parte la famosa proteína p53) que vigila para que se mantenga indemne el ADN, y así nuestra unidad estructural a pesar de todo nuestro desarrollo y plasticidad continua. De hecho, cuando estos sistemas fallan se produce cáncer, que es un ejemplo de un cambio en nuestra estructura organizativa, con la aparición de tumores que la distorsionan.

      En cuanto a la segunda parte, si podemos ser los mismos cogiendo todos lo componentes y construyendo otra persona… Si ponemos las piezas en la misma posición y con precisión, y suponiendo que “sólo” seamos “piezas”, ¿por qué no?🙂

      Los datos están sacados de esta curiosa entrada en Tall & Cute.

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