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De heroína a villana

7 mayo, 2010

“En medicina, la moda cambia también tan frecuentemente como la alta costura. Los medicamentos milagrosos de hoy serán los venenos de mañana”. Esta sentencia de Groucho Marx viene a expresar de manera elocuente un hecho constatable. La medicina está salpicada a lo largo de su historia de grandes bandazos en sus tendencias, y uno de los casos más extremos es el de la heroína. Y es que esta sustancia pasó, en apenas unas décadas, de ser promesa de panacea y medicamento prodigioso, a sinónimo de marginalidad, decandencia, e incluso de SIDA.

A finales del siglo XIX, el farmacólogo H. Dreser aisló mediante acetilación dos sustancias que transformarían la pequeña fábrica de colorantes de Bayer en un gigante mundial de la industria farmacéutica. Estas dos moléculas no eran sino el ácido acetilsalicílico y la diacetilmorfina, cuyos nombres comerciales serían Aspirina y Heroína respectivamente. La segunda de éstas, llamada así por la combinación del vocablo del latín heros (héroe) y el sufijo medicinal -ina, estaba llamada a ser la cura definitiva para los muy frecuentes en aquella época adictos a la morfina. Como podéis deducir, el tiro salió literalmente por la culata, pero por el camino unos cuantos se enriquecieron ávidamente…

La heroína antes de su estigmatización.

El descubridor de la molécula “heroica”, H. Dreser, observó que los morfinómanos tratados con heroína abandonaban enseguida su vicio, lo cual le llevó a decir a las claras lo siguiente: “la heroína es una sustancia libre de propiedades formadoras de hábito, de muy fácil uso y, sobre todo, la única capaz de curar en poco tiempo a los morfinómanos“. ¿Suena irónico verdad? Es más, el prospecto de la medicina rezaba así:

  1. Al revés que la morfina, esta nueva sustancia produce un aumento de actividad.
  2. Adormece todo sentimiento de temor.
  3. Incluso dosis mínimas hacen desaparecer todo tipo de tos, hasta en los enfermos de tuberculosis.
  4. Los morfinómanos tratados con esta sustancia perdieron de inmediato todo interés por la morfina.

A pesar de que algunos la tomaron con ella antes de la Primera Guerra Mundial, acusándola de punta de lanza de una conspiración “germanófila” para esclavizar al incauto usuario, durante un cuarto de siglo largo la venta de heroína fue libre (10 toneladas se consumieron sólo en la ciudad de Nueva York en el año 1910). Estudios posteriores demostraron que sólo cinco semanas de uso a diario de un cuarto de gramo de la sustancia bastaban para que apareciera un síndrome de abstinencia leve.

papaver somniferum, heroína, historia

La amapola del opio o adormidera (Papaver somniferum) se cultiva aún en grandes plantaciones para la fabricación de morfina de uso médico y heroína para el tráfico ilegal.

Pero eso no importó en su momento, lo que según A. Escohotado muestra a las claras dos cosas. Primero, “el incondicional entusiasmo que la clase médica muestra hacia toda suerte de sustancias con acción sobre el ánimo“. Entusiasmo que a mi modo de ver hoy día se focaliza en las nuevas generaciones de antidepresivos, dispensadas a troche y moche a veces para indicaciones bastante cuestionables. Segundo, de nuevo según Escohotado, el lado económico, ya que “apoyándose en formas típicas de la propaganda comercial se presentan fármacos muy activos como simples panaceas“. Y con esto otra vez me acuerdo de los antidepresivos de última generación. De hecho, en una ocasión oí decir a un representante farmacéutico que las autoridades públicas deberían incluir los antidepresivos ISRS en el agua corriente para que sus beneficios alcanzasen a toda la población.

El viaje hacia el estigma.

En 1924, el congreso de los EEUU prohibió la venta, importación y producción de heroína. Ésta fue la época también de la archiconocida Ley Seca, que hacía lo propio con las bebidas alcohólicas. Y es que estos dos hechos históricos están curiosamente conectados. La Ley Seca propició el crecimiento de un entramado de mafias y una auténtica industria (liderada por el “Sindicato del crimen”, con Al Capone a la cabeza) al servicio del tráfico y venta ilegal de bebidas alcohólicas. Todo este entramado se derrumbaría teóricamente con la derogación de la ley mediante la Enmienda XXI en 1933. Pero nada más lejos de la realidad. Para cuando se legalizó de nuevo la venta de bebidas alcohólicas, todo estaba ya preparado para utilizar la misma organización al servicio del comercio de la recién ilegalizada heroína: la promesa de un nuevo gran negocio.

El lastre en nuestros días.

Lo que he expuesto no es sino el germen de un proceso que fue imparable hasta la ya conocida epidemia heroinómana, la cual terminó con la entrada en escena del SIDA y el miedo a su contagio. Pero el lastre continúa. Hoy día aún existe un temor desaforado, o si queremos una excesiva prudencia, con respecto a la prescripción de opioides, la familia de fármacos a la cual pertenece la heroína. Y esto a pesar de que este grupo de sustancias, donde se incluyen también codeína, morfina, fentanilo o tramadol, es el de mayor potencia analgésica que se conoce.

El arraigo de la visión demonizada de todo lo relacionado con morfina y heroína aún nos persigue en nuestros días, impidiendo en muchos casos que un ejercicio profesional reglado supere viejos tapujos. Termino con otra sentencia, esta vez del médico renacentista Paracelso: “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis“. Y añado yo, “y el uso que se hace de ella“.


Para saber más / Referencias…

Imagen "Bayer Heroin bottle" por Mpv_51 (Creative Commons)
Imagen "Poppy Field" por Christopher_Hawkins (Creative Commons)

4 comentarios leave one →
  1. Consue permalink
    7 mayo, 2010 17:04

    Angel I love you, me has hecho recordar el librico verde. Opium poppy…

  2. J. Abellán permalink
    8 mayo, 2010 9:48

    El caso de la heroína no es un caso aislado. Me parece muy importante escribir sobre estos hechos, no sólo para darnos cuenta de cómo cambian las tornas con el tiempo, sino para ser más cautos con la industria farmacéutica y con el hombre mismo. Tenemos que aprender a mirar las cosas siempre con cautela, con juicio propio, para no caer en la sumisión e ineptitud que a otros tanto les conviene. Además, son episodios de la medicina muy curiosos e interesantes, xD

    ¡Buena historia, bien contada!

  3. 8 mayo, 2010 15:25

    Consue, el espíritu librillo verde sigue en pie. ¡Lo tengo todo guardado! Prometo algo sobre melatonina más pronto que tarde😉

    Tienes mucha razón Pepe, como dice el viejo aforismo: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla“. Por ejemplo, quizás el caso de la supuesta alarma pandémica de gripe A sirva de cara al futuro. Y también es verdad que es muy curioso e interesante ver los bandazos, las casualidades y los extremos casi pendulares en las opiniones y tendencias médicas a lo largo de la historia. Seguiremos pues en la línea de “popeyes anémicos” y “heroínas caídas” xD

  4. 9 mayo, 2010 19:01

    Muy interesente tu post. Ciertamente con el paso de los años ciertos productos pasan de ser la solución a todos los problemas al enemigo público número uno y viceversa. Y no sólo medicamentos. También los alimentos: el aceite de oliva, pescado azul, la soja…. que en el fondo no responden más que a ciertos intereses económicos. Con respecto a los ansioliticos y antidepresivos, por desgracia, hay quien se los toma como caramelos sin pensar en las consecuencias. Y con las noticias de alarma, como la de la gripe A y la gripe aviar de hace unos años, nos va a pasar como a “Pedro y el lobo”.

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