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La dulce melodía de los virus

11 mayo, 2010

Dos entradas atrás Ángel se preguntaba acerca de la naturaleza viva de los virus. ¿Son acaso seres vivos los virus? ¿No son los ácidos nucleicos generadores de vida? Un bastión de moléculas orgánicas que de algún modo juegan bióticamente con otros entes de la biología. Después de todo, el ADN no es sino la partitura vital donde están escritas todas y cada una de las notas que hilan fantástica melodía al son de las generaciones de vida en nuestro querido planeta Tierra. Los virus son una parte más del engranaje evolutivo. Quizá hubo una vez una gran orquesta donde cada uno de sus músicos se llevó consigo parte del musical. Quizá los virus sean runas de ciencia que una vez descifradas nos permitan conocer con certeza los orígenes de la vida. ¿No parece injusto considerarlos elementos inertes? ¿Qué es “vida”?

3 comentarios leave one →
  1. 11 mayo, 2010 17:38

    El problema no está en delimitar o definir qué es vida. Eso es algo variable a los ojos de la ciencia y a los conocimientos de que dispongas y, por ende, dependerá de la época en que nos planteemos la pregunta.

    El quid, hoy, está en saber qué es un ser vivo, y qué no lo es, ya que el ser vivo es el que acapara las propiedades que se le atribuyan al concepto de vida. Por tanto, una vez definido algo como “ser vivo”, el concepto raíz (“vida”) adquiere una parcela más de significado pues se transmuta en el significante.

    En otras palabras (que me pongo semántico -yo soy de Letras- y no veas); si defines al virus como ser vivo, será porque le atribuyas las funciones que otros seres “vivos” tienen en común con él y entre sí, y que son excluyentes para los “seres no vivos” (tampoco diríamos seres “inertes” porque un virus no es inerte).

    El virus se reproduce (a expensas de otros), transmite su carga genética e incluso interviene aportando su “pool” genético (o parte del mismo) para crear nuevas combinaciones de ADN/ARN. El virus “muere” cuando el trofismo no le es favorable (medio externo, pH, Tª, etc).

    Problemas:

    – ¿El virus “se alimenta”? Tal cual expresado, parece que no. Pero la alimentación no es sino una relación con el medio en que se habita, y que nos permite usar los “materiales” del entorno para cubrir nuestras necesidades. En ese sentido, el virus se alimenta de elementos de células infectadas, extrae de ellas lo que necesita.

    – Reproducción. Más de lo mismo. El virus “vive y muere” a expensas de la maquinaria de células infectadas, vale, pero eso no implica que no sea capaz de transmitir su carga genética y perpetuar su código, que es el fin darwiniano de la reproducción.

    El tema más complicado es el de la autonomía fisiológica. Antaño se dijo que los parásitos no eran seres vivos porque no eran autónomos. Más tarde cambió el concepto de la autonomía y se aceptó que “la nutrición a expensas de otro” no deja de ser autonomía si el ser vivo posee la maquinaria enzimática necesaria para procesar las sustancias y los elementos del medio, a fin de hacerlos suyos. Pero los virus no tuvieron suerte: se descubrieron más tarde y fueron “discriminados” por carecer de autonomía, habida cuenta de que no poseían autonomía enzimática.

    Llegados a este punto, se podría re-formular la duda: ¿cuál es la mínima expresión de vida: el ADN/ARN o, por contra, un conjunto de organelas?

    • 11 mayo, 2010 23:49

      Gracias por tu aportación Dr. Abenza! Me alegro que mi entrada te haya evocado esa reflexión que has hecho😉

      Cuando hice las dos preguntas finales del post “¿No parece injusto considerarlos elementos inertes? ¿Qué es “vida”?” reconozco que las hice con cierta malicia. Parece lógico pensar que un virus no es lo mismo que una roca ni que una pieza de plástico… pero sin embargo hay controversia a la hora de definirlo como ser vivo. Tu pregunta final es interesante y tiene mucha miga… aunque yo creo que en este caso podemos anticipar el huevo a la gallina. Por allá por el principio de los tiempos dicen los estudiosos que existían unas estructuras que denominaron “protobiontes”, me refiero a los coacervados, que no eran más que supuestas membranas rudimentarias que agrupaban en su interior moléculas de distinta naturaleza. Se dice que existían fuerzas químicas que promovían las asociaciones de unas moléculas con otras. Unos coacervados iban incluyendo a otros y así se formaron las primeras células con sus rudimentarias organelas. Incluso se dice que algunas células muy primitivas pero independientes acabaron finalmente formando parte de la estructura celular eucariota, sería el caso de las mitocondrías, cosa que tiene su lógica si caemos en cuenta de la existencia del ADN mitocondrial.

      Volviendo a tu pregunta creo que la mínima expresión de vida debiera extraerse de la propia historia de la vida, y la historia de la vida está indefectiblemente escrita en el ADN. Hay cosas tan pequeñas y aparentemente insignificantes que parece muy forzado definir lo vivo como aquello que cumple la función de reproducción, nutrición y relación de forma estricta. De hecho los coacervados, protobiontes ellos, se “nutrían” acoplando moléculas a su membrana o internándolas en su interior, se “reproducían” cuando eran fragmentados en dos o más trocitos a consecuencia del medio, y nadie duda que se relacionaban con el ambiente hasta el punto de poder ser los primeros pasitos que dio la vida en nuestro planeta.

      Un saludo!!

  2. 12 mayo, 2010 2:16

    Bonito el debate que habéis montado. Si tengo que elegir entre la funcionalidad (organelas) y la información que se replica y transmite (ARN/ADN), creo que me quedo con esto segundo para definir la vida. Quizás lo que hace especial, idiosincrático, a un sistema como para llamarlo “biológico” es su tendencia a perpetuarse, y su entrada en la dinámica evolutiva. Veo claro que los virus participan de estos dos supuestos. Su máxima misión es perpetuarse, aunque tengan que utilizar “herramientas” ajenas, y entran de lleno en la cadena evolutiva. De hecho, sus genomas están plagados o plagiados en todos los representantes del mundo eucariota y procariota. Y también participan de la selección, la mutación, la adaptación… Incluso pueden llegar a ser parasitados por otros virus, como comentaba en el anterior breve. De hecho, esos virus parasitados, los mimivirus, que son muy grandes, serían como un eslabón intermedio entre virus y células al uso, ya que poseen algunos sistemas enzimáticos propios (aunque siguen siendo parásitos obligados), y por ello los “virófagos” pueden valerse de ellos y los parasitan.

    Como dice Dr. Abenza: “eso no implica que no sea capaz de transmitir su carga genética y perpetuar su código, que es el fin darwiniano de la reproducción.” El objetivo darwiniano es la reproducción, el perpetuar tu información genética. De hecho, en la perspectiva ultradarwinista de Dawkins, si todos somos meros “vehículos de genes” y no tenemos otro sentido en la vida, los virus serían máquinas muy perfeccionadas y eficientes de transportar y reproducir genomas, de manera simple, y con la ventaja de utilizar la logística de otros.

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