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Hilvanando brebajes, blandiendo venenos

14 mayo, 2010

Nadie duda que en pleno siglo XXI, la farmacología y la toxicología son una rama absolutamente básica para el ejercicio correcto de la medicina. El conocimiento de estas ciencias avanza a velocidades vertiginosas y, a pesar de la inescrupulosa industria farmacéutica, podemos sanar, proteger, prevenir o controlar miles de procesos morbosos. Pero no voy a escribir sobre ello. Los fármacos no siempre han tenido el rol que ahora desempeñan en nuestra sociedad occidental. La toxicología, además de aportarnos el don de curar, nos ha enseñado cómo matar. Acompáñenme y descubran el campo más oscuro de la toxicología, comentaremos, con ejemplos históricos, las más famosas sustancias y sus influencias sobre el arte médico.

¿Por qué veneno?

Según la Real Academia de la Lengua un veneno es aquella sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte. Pero lo cierto es que la diferencia entre fármaco y veneno no es más que la dosis. Al principio, los tóxicos tenían el cometido de servir como herramientas de caza. Más tarde se usaron como antisueros y fármacos. Existen fuentes que certifican el conocimiento de multitud de venenos ya desde el 4500 a.C., como por ejemplo, el Papiro de Ebers o tratados de Plinio el Joven.

Pero desde la antigua Grecia hasta la Edad Media, el uso principal de los tóxicos fue el asesinato. Y es que en dichas épocas, deshacerse furtivamente de un rey o general, podía declinar hacia uno y otro bando una victoria en batalla, o evitar guerras “innecesarias”. Tanto se generalizó el homicidio por tóxicos que en Roma, los envenenadores y druidas formaban parte de la corte del emperador sin que a nadie le extrañara. Incluso existía la figura del probador de alimentos, cuya labor consistía en catar los alimentos y las bebidas que el emperador iba a comer, por si estaban envenenados, en cuyo caso caería el pobre probador en lugar del soberano. Incluso en la Edad Media existían las llamadas apotecas, precedente de las farmacias de hoy, que vendían plantas medicinales para sanar… o matar. En multitud de textos de la época (por ejemplo, tenemos un relato de Los cuentos de Canterbury se comenta que en estos establecimientos se podían obtener preparaciones para actos menos lícitos que el mejorar alguna dolencia.

Mitridatismo.

En el mitridatismo encontramos una de las más tempranas influencias de la terminología médica que hasta hoy perduran. Resulta que, en el siglo I a.C., el estado de Ponto planteó una férrea resistencia a Roma cuando ésta quiso expandirse. Su último rey fue Mitrídates VI. Tal era la obsesión de Mitrídates VI por morir envenenado, que inventó una receta para elaborar una poción, el mitridato, que mezclaba pequeñas cantidades de veneno. El rey ingería este brebaje día tras día con la esperanza de que le confirieran inmunidad. Y así fue, pues, cuando el general romano Pompeyo venció a Mitrídates VI en la batalla, éste optó por suicidarse con su propio veneno, pero fue imposible, Mitrídates era resistente al mismo. Finalmente, el rey de Ponto pidió a uno de sus oficiales que le clavase una espada, y así falleció.

Y hasta nuestros días ha llegado el legado de Mitrídates. Bien es sabido que uno de los fenómenos que algunos fármacos y venenos producen en el cuerpo humano es la tolerancia. En medicina, se conoce como mitridatismo el estado de hábito o inmunidad para los venenos, por la ingestión de dosis gradualmente crecientes de los mismos.

Envenenados y envenenadores históricos.

Sócrates y la cicuta. El caso de envenamiento antiguo mejor conocido se atribuye a Sócrates, el cual fue condenado a muerte según el procedimiento usual de Grecia: bebiendo cicuta. El filósofo no quiso huir ni escapar de su condena y, llegado el día, bebió voluntariamente jugo de cicuta. La cicuta, Conium maculatum, es una planta de la familia de las apiáceas. Entre sus componentes destaca la cicutina, que es un estimulante del sistema nervioso central. Concretamente, es un antagonista de los receptores GABA-A, lo que causa un bloqueo de los canales de cloro neuronales, conllevando una despolarización neuronal. Los síntomas más característicos de la intoxicación son vértigo, diarrea, debilidad muscular y convulsiones, pero la muerte suele ocurrir por parada cardiorrespiratoria o fibrilación ventricular.

Locusta, el arsénico y la sardonia. Si existió una mujer influyente en la Roma antigua esa fue Agripinila. Se casó con su tío Claudio I, emperador romano. Lo que más ansiaba Agripinila era coronar emperador a su hijo Nerón, pero existían dos grandes inconvenientes, Claudio I y su hijo Británico, pues Nerón no accedería al trono directamente. Locusta era una famosa envenenadora de la época que estaba condenada a muerte. Ni corta ni perezosa, Agripinila liberó a Locusta de su pena, y contrató sus servicios. El 13 de octubre del año 54, Claudio cenó su plato favorito, un guiso de setas. Como de costumbre, Haloto, el catador oficial del emperador, había previamente probado la cena, para servirla después. Pero esta vez iba aderezada con un poquito de arsénico. Haloto fue cómplice del asesinato.

Emperador Nerón¿Por qué empleó Locusta arsénico? Este curioso elemento es uno de los venenos más usados. La razón es que carece de propiedades organolépticas, es decir, ni huele ni sabe, y sus principales síntomas son gastrointestinales, fácilmente atribuibles a una infección digestiva. Bioquímicamente, el arsénico basa su toxicidad en la interrupción de la respiración celular, pues inhibe la actividad enzimática de la piruvato deshidrogenasa, al inutilizar a su cofactor.

El siguiente obstáculo que impedía gobernar a Nerón era su hermanastro Británico, sucesor natural de Claudio. Por supuesto, Agripinila y Nerón le encargaron el trabajo a Locusta, quien empleó esta vez sardonia. Según los historiadores romanos, el método fue el siguiente: durante un banquete, le sirvieron a Británico un caldo demasiado caliente. Éste pidió que se lo refrescaran con agua, agua debidamente alterada por Locusta con una pizca de sardonia. Británico falleció instantáneamente. Cuando la comitiva miró a Nerón, éste alegó que su hermanastro siempre había padecido de epilepsia. La sardonia es una planta perteneciente a las ranunculáceas, cuyos componentes producen una estimulación del sistema nervioso central y una intensa contracción muscular, que termina en parálisis total y cardiorrespiratoria. Es especialmente llamativa la contracción facial, que ha dado origen en medicina a la llamada risa sardónica, que también caracteriza ciertas enfermedades como el tétanos.

Como nota curiosa cabe destacar que, al caer Nerón, Locusta fue condenada a morir de una manera bastante curiosa a la par que atroz. El nuevo emperador romano, Galva, la penó a ser públicamente violada por una jirafa, para posteriormente ser destrozada por una jauría de leones.

Sancho I el Gordo y la belladona. También las tierras ibéricas han sido testigo del ilegítimo uso de los tóxicos. Durante el año 967, el conde Gonzalo Sánchez fue visitado por el rey Sancho I el Gordo durante una tregua, y aprovechó don Gonzalo para dar de comer al rey unas frutas envenenadas con belladona. El rey Sancho murió de camino a casa, en Castelo de Miño. La Atropa belladona es una solanácea cuyos frutos son muy atractivos a la vista, pero no tanto para el cuerpo. Su toxicidad radica en ciertos alcaloides que producen principalmente una desregulación del sistema parasimpático, con estimulación simpática, confusión, alucinaciones, delirio y convulsiones hasta la muerte. Curiosamente, el uso médico de esta sustancia ha sido muy importante, pues a partir de ella se sintetizó la atropina, droga usada para el cese sintomático de efectos muscarínicos (como los causados por inhibidores de la acetilcolinesterasa).

Adolf HitlerAdolf Hitler y el cianuro. Pero no hemos de irnos tan atrás para documentar usos mortales del veneno. El cianuro, en su forma gaseosa, fue tristemente utilizado por el régimen nazi para el exterminio masivo de judíos. Del mismo modo, el conocimiento de este tóxico fue aprovechado por Adolf Hitler para recomendar su uso como suicida en sus colaboradores más cercanos al temer el fin del III Reich. Aunque la causa fundamental de la muerte de Hitler fue un disparo en la sien, varias teorías apuntan a que momentos antes había ingerido cianuro. El 1 de mayo de 1945, un día después de la muerte del Führer, Joseph Goebbels lugarteniente de Hitler, se quitó la vida junto con su mujer e hijos con cianuro, siguiendo las recomendaciones de Hitler. La toxicidad del cianuro radica en la interrupción de cadena de transporte de electrones, lo que imposibilita la respiración celular. La muerte es fulminante.

Estos son sólo unos pocos de los incontables casos que podemos encontrar en los libros. Sin embargo es en la actualidad cuando, lamentablemente, mayor uso se le está dando al veneno como herramienta para matar. Se estima que cada día más de 700 personas en el mundo sufren un envenenamiento.

Perdón, ¿ha dicho veneno y brindis?

El uso de los tóxicos ha dejado huella igualmente en otros aspectos que perduran en la actualidad. El brindis, ese acto tan extendido en cualquier celebración que se precie, arrastra una curiosa historia.

BrindisSe habrá dado cuenta el lector que la manera más fácil de envenenar a alguien era introducir el veneno en la comida o bebida de la víctima, valiéndose para ello de gente de confianza del objetivo. Y es precisamente la generalización del envenenamiento como método de asesinato lo que crea y expande lo que conocemos como brindis (etimológicamente bring dir’s, “yo te ofrezco”). En la antigua Roma, el levantar la copa y chocarla fuertemente entre el emperador y sus nobles hacía salpicar la bebida que contenía, y mezclaba el líquido de una copa con las demás. Era una forma de demostrar que existía confianza, que las bebidas estaban limpias, que no tenían veneno en su interior, pues los bebedores tragaban el mismo líquido. Por el contrario, si alguien intentaba envenenar a otro comensal, él mismo corría el riesgo de morir tras el brindis.

Así que, tras esta minúscula recopilación, quedémonos con la cara buena del veneno, y brindemos por ello.


Para saber más / Referencias…

Imagen "Disney - Poisoned (Explored)" por Express Monorail (Creative Commons)
Imagen "Socrates_Louvre" (Wikimedia Commons)
Imagen "... Adolf Hitler" (Wikimedia Commons)
Imagen "The Remorse of the emperor Nero..." (Wikimedia Commons)
Imagen "We coast with cava..." por Bern@t (Creative Commons)

4 comentarios leave one →
  1. 14 mayo, 2010 12:11

    Hace años desarrollamos, a medio camino entre Málaga y Murcia, un cruce de tres genéticas distintas de cannabis sativa: no pudimos llamarla Belladonna porque ese nombre estaba registrado, aunque, por los efectos, aquella era nuestra primera opción. Nos ha colmado de satisfacción (y de euros, todo sea dicho) haber sabido que la han usado en algunos ensayos… ¡Y hasta aquí puedo leer!

    ¿Os gusta leer prosa aséptica, acientífica? Os recomiendo “el antídoto de la melancolía”, de Piero Meldini. Tiene ya unos 30 años el libro, tal vez más, pero el protagonista es “boticario” y tiene ciertos pasajes que son una delicia. Hay un debate entre un médico y el protagonista, acerca de los preparados y sus propiedades, que no tiene desperdicio. Todo ello ambientado en Italia, en una época en la que aún había distinción entre médicos, barberos y curanderos.

    • J. Abellán permalink
      16 mayo, 2010 10:39

      Bueno, pues ya nos estás enviando esa receta secreta de cannabis sativa, no vaya a ser que de verdad merezca ser llamada Belladona y tengamos que pelear por ello xD

      Como bien dices, hay multitud de obras que tocan este tan curioso tema, desde muy clásicas (ahora mismo me viene a la mente “El Conde de Montecristo”, por ejemplo, en la que hay claras referencias a Mitridates y al mitridatismo en una conversación memorable que mantienen el Conde y la señora de Villefort) hasta otras no tanto, como la que comentas. Me apunto “el antídoto de la melancolía”, cuando tenga algo de tiempo la disfrutaré, y ya te comentaré qué tal me sienta.

  2. Neytiri permalink
    18 mayo, 2010 11:36

    Qué curioso, es muy interesante! Me encanta🙂

    Me faltaba el boticario de Romeo y Julieta jeje, a ella le vende un elixir para simular la muerte y a él para acabar con su vida! Shakespeare sólo habla de los venenos sin especificar cuáles eran, seguramente ni él lo sabía, simplemente describió los efectos que éstos venenos inespecíficos debían producir para el buen transcurso de la obra. El caso es que he buscado acerca del elixir que dejó a Julieta aparentemente sin vida y, por lo que he visto, lo más parecido a eso es la zombificación que practicaba la religión vudú en Haití.

    Me ha parecido muy curioso, ya que no sabía yo de dónde provenían los “zombies” de las películas. Se cuenta que la zombificación es el peor castigo que, según el vudú, se puede imponer. El Bokor (sacerdote vudú) prepara un veneno a base de: raíces de plantas secretas, restos humanos y venenos del pez globo, anfibios y reptiles! Tras eso, la persona cae enferma y al cabo de un par de días, muere aparentemente (bradicardia, depresión respiratoria, pulso imperceptible) y es enterrada. Esa misma noche el sacerdote la desentierra y le da otro veneno que la despierta! Lo que no le pasa a Julieta y, según los haitianos, sí a los zombis es que sufren daño cerebral durante su “letargia” y al despertar se comportan como autómatas para ser vendidos como esclavos!

    He buscado más sobre el tema porque me parece muy curioso y quería saber cuánto de verdad podía haber en eso, así que he investigando sobre la toxina del pez globo (que por cierto, en japón es un manjar, además del “atractivo” que genera a algunos el riesgo mortal que supone su ingesta), la tetrodotoxina, que actúa bloqueando canales de sodio. Pero no voy a contar aquí todo lo que he leído jeje, dejo dos links interesantes sobre lo que he encontrado, uno sobre la toxina y el otro curiosísimo sobre la zombifiación, este último merece la pena leerlo!

    Gracias Pepe, está muy chulo el tema!

    • J. Abellán permalink
      19 mayo, 2010 12:31

      ¡Qué aportación más interesante y sorprendente! ¡Eso da para más de un post Paola! Y la verdad es que el tema está bastante documentado, he buscado por ahí y es en África con los chamanes de las tribus donde se sitúa el inicio del vudú, que expresa su máxima expresión en Haití. Aún hoy en día las ceremonias vudús se siguen celebrando con miles de seguidores.

      Aportaré a tu comentario ciertos datos sobre la creencia de que los zombis son seres malvados que arrasan y matan todo lo que ven. Por lo visto, en 1791, el vudú ayudó a los haitianos a expulsar a los franceses de la isla caribeña. Cuando los franceses se instalaron en Haití, dieron ciertos “privilegios” a los habitantes blancos de la isla, mientras que la población negra era tratada como esclavos y campesinos sin derechos. Ello propició para que un cura-brujo llamado “Boukman” creara una legión de voluntarios para adentrarse en la selva y someterse a ciertos procedimientos que darían fuerza para luchar contra los franceses. Así que Boukman, con sus miles de seguidores, la mayoría esclavos negros, se adentraron en la selva y realizaron rituales en los que bebían sangre y entraban en catatonia. En los días posteriores, Boukman y su séquito quemaron miles de plantaciones y arrasaron con sus propietarios. Esta actividad dio pie al comienzo de la rebelión Haitiana, que culminó años más tarde con la expulsión de los franceses, la creación de la República independiente de Haití y el establecimiento del primer presidente negro de Haití, Toussaint L’Ouverture.

      Los rituales vudús recuerdan a los que celebran los kenyatas, ya desde hace siglos, y los resultados son parecidos. Por lo visto el pez globo que comentas no es el de japón, sino el “Peje Sapo” que vive en aguas caribeñas. Su toxina induce una paraparesia casi total, y reduce la función de la corteza cerebral también.

      Buen aporte, ¡un saludo!

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