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Españoles en los libros de Medicina (I)

23 agosto, 2010

Durante los 6 años de carrera de medicina he estudiado y escuchado acerca de cientos de enfermedades con epónimos o nombres propios de los médicos que las describieron –el narcisismo médico vaya por delante–. Y siempre me preguntaba lo mismo, ¿No hay, al igual que Parkinson, Cushing, Marfan o Alzheimer, una enfermedad o síndrome que se llame de Sánchez, García, o Pérez? Pues bien, hay dos únicas excepciones al anonimato médico español. Veamos cuáles son.

La medicina española ha tenido una repercusión excepcional y puntual en el avance médico universal a lo largo de la historia. Y no es un caso aislado, ya que del mismo modo ha ocurrido en otras disciplinas, donde genios puntuales como Dalí, Cajal, Buñuel o Cervantes han representado una aportación cuya continuidad en la historia ha brillado por su ausencia. Con esta entrada comienzo un repaso a la pobre pero interesante representación de nuestros compatriotas en los libros de medicina, esta vez con las dos únicas enfermedades cuyo epónimo hace referencia a un español, la enfermedad de Lafora y el síndrome de Brugada.

La enfermedad de Lafora

LaforaUno de esos pocos genios influyentes a nivel internacional que ha dado nuestro país es Ramón y Cajal, y ha sido un discípulo suyo, el madrileño Gonzalo Rodríguez Lafora, el que ha pasado a la historia por describir los “cuerpos de Lafora”, la alteración histológica típica de la enfermedad de Lafora –una variedad genética de epilepsia mioclónica muy poco frecuente que tiene un pronóstico devastador, ya que lleva al fallecimiento del afectado antes de los 25 años habitualmente–. La estrecha relación de Lafora con Cajal, que observó las grandes virtudes del joven Lafora aún antes de terminar la carrera de medicina, culminó en 1909 con una beca para irse a estudiar a Europa, concretamente a Alemania, donde lejos de dejarse llevar por el estandarizado modus operandi de los estudiantes españoles en el extranjero –véase becas Erasmus en nuestros días (permítaseme el chascarrillo al respecto)–, trabajó y aprendió de algunos de los grandes neurólogos, neuropatólogos y psiquiatras de la época, como Kraeppelin o Alzheimer (el cual pasaría a la historia por describir la enfermedad con el mismo nombre). Como tantos otros intelectuales y científicos españoles, Lafora se vio obligado a exiliarse a Mexico tras la Guerra Civil debido a su apoyo a la República.

El síndrome de Brugada

El síndrome de Brugada es el otro epónimo de patología universalmente utilizado y que se refiere a un español –en este caso a tres, como ahora veremos–. Este síndrome es mucho más frecuente que la enfermedad de Lafora, y antes de que Pedro Brugada (ayudado por sus dos hermanos, también cardiólogos) describrieran sus características y la alteración genética responsable se denominaba de muchas y peregrinas maneras, como lai tai (que significa “muerte durante el sueño” en tailandés), o pok-kuri (que significa “muerte súbita inesperada durante la noche” en japonés). Y estas denominaciones no surgen de la casualidad, ya que el síndrome de Brugada es una causa de muerte súbita cardiaca que típicamente ocurre durante el sueño y se da con mucha frecuencia en Asia, donde se considera la segunda causa de muerte en jóvenes –incluso la primera si hablamos exclusivamente de varones, a los que afecta con mayor frecuencia–. Tanto es así que, curiosamente, existía una tradición en algunas aldeas que consistía en que, con el objetivo de burlar al “espíritu de la muerte”, se vestía de mujer a los varones de mediana edad cuando estos se iban a dormir.

Pedro Brugada ha realizado sus descubrimientos muy recientemente, en 1992, merced a su trabajo tanto en Países Bajos como en Bélgica. Por si a algún estudiante o profesional sanitario le interesa, los tres hermanos Brugada, apasionados del conocimiento de las arritmias, han escrito un libro, Nuestros Electrocardiogramas más queridos, que según su reseña “está dirigido a todos los que todavía se emocionan al analizar un electrocardiograma, y también a los que tienen curiosidad por aprender acerca del tema.”

Hay más, pero con distinta suerte y origen…

Aunque existen varios ejemplos al respecto, quizás el más conocido de los médicos españoles que han descrito una enfermedad y su nombre no ha pasado a la historia como epónimo de la misma es Gaspar Casal. Este médico nacido en Girona (al igual que los hermanos Brugada), describió en Asturias a principios del siglo XVIII la enfermedad por carencia o déficit de vitamina B3 (niacina), a la que llamó Mal de la rosa. No obstante, la enfermedad pasaría a llamarse posteriormente de manera universal como pelagra (del italiano, pelle: piel, agra: áspera). Casal relacionó la causa de la enfermedad con la toma de maíz –a pesar de que el maíz tenía un papel pasivo, al no poseer este cereal cantidades suficientes de niacina asimilable–. Finalmente, Casal ha pasado justamente a la historia por describir uno de los signos que sirve aún hoy para el diagnóstico de la pelagra, el llamado collarete de Casal.

Gripe española, H1N1Un caso en el que España es protagonista en la nomenclatura patológica es el de la llamada gripe española. Se denominó gripe española a la pandemia de gripe que asoló el mundo en los años 1918 y 1919 y mató entre 50 y 100 millones de personas. Recientemente ha aparecido con frecuencia en los medios debido a que el causante de la misma fue un virus H1N1, con similitudes con el de la supuesta pandemia actual. Curiosamente España no fue de los países donde la epidemia se cobró más vidas. Sin embargo, sí fue donde tuvo más repercusión mediática, ya que, al contrario que la mayoría de los países afectados, España no estaba inmersa en la I Guerra Mundial, y esto propició que la información acerca de la terrible pandemia no se viera frenada por la censura.


Imagen "1820s medical books" por domesticat (Creative Commons) Imagen "Lafora" por Wikimedia (Creative Commons) Imagen "165-WW-269B-25-police-l" por Wikimedia (Creative Commons)

4 comentarios leave one →
  1. 25 agosto, 2010 0:09

    Y quién sabe cuántos genios españoles habrán quedado relegados a un segundo plano y con ello al olvido a pesar de haber sido piezas clave en el descubrimiento de signos, síntomas, etiologías o tratamientos de enfermedades a lo largo de la historia… nunca lo sabremos a ciencia cierta. Incluso hoy día se apuesta tan poco por nuestros investigadores que tenemos muy pero que muy difícil destacar de entre el resto en cuanto a temas de Medicina y ciencia se refiere.

    Un post muy interesante Ángel. Saludos.

  2. 16 enero, 2011 0:37

    ey!! y el ganglio de la hermana Maria José¿😛

  3. 16 enero, 2011 12:24

    ¡Hola nebulina! ¡No me destripes Españoles en los libros de Medicina (II)! jejje

    La verdad es que es tan poco frecuente algo que suene a español en el estudio de cualquier ciencia que enseguida (al menos en mi caso) que escuchamos algo con pinta de origen hispano ponemos los radares… De todas formas, en muchos casos los nombres propios que nos enseñan no los conoce nadie en el extranjero.

    Por ejemplo, a mí me enseñaron en la facultad un síndrome genético con ictericia con el nombre de “síndrome de Arias”, cuando realmente su nombre más usado y por el que es conocido en todo el mundo es “síndrome de Crigler-Najjar tipo 2”. Realmente Sergio Arias era un médico venezolano, pero supongo que tenemos tendencia a hacer defensa de cualquier nomenclatura castellana. También me enseñaron que la pelagra se llama “síndrome de Casal”, y eso no está en ningún libro…

  4. 16 enero, 2011 13:07

    El Crigler-Najjar a mí me lo han enseñado por ambos nombres pero de Arias nunca me acuerdo xD
    Vale vale, me callo ya😛 es que es un nombre que siempre me ha hecho mucha gracia :$

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