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Detrás de toda gran persona hay una gran historia

7 octubre, 2012

Juan siempre ha dicho que hay que trabajar duro para ganarse el pan. Con doce años ya ayudaba a su padre Lorenzo en las labores de la tierra. Cuando don Lorenzo falleció él heredó el humilde terreno, que con cariño y empeño cultivaba año tras año. Se casó con Marta, la sexta de las hijas de la familia de los Garrido, el molinero. Tienen tres hijas y dos hijos, quienes fueron educados en la escuela del pueblo, por la joven y risueña maestra, la señorita doña Inés…

A Juan le encantaba llevar a sus dos hijos a pescar a la ribera del Duero, cerca de la ermita. Solía hacerlo los domingos después de la misa. Al menos una vez al mes Juan regalaba a don Sisinio, el cura, un chorizo, una paletilla de jamón, o un saco de maíz según la temporada, y él le daba su más sincera bendición. A Lorenzo, el primogénito, que se llamaba como su abuelo, le gustaba mucho ir de pesca, conocía con detalle los trucos para terminar batiendo todos los records de su padre, siempre acababa pescando más truchas que Juan. Luis, el pequeño, era más inquieto, y lo que de verdad le apasionaba era cazar ranas y observar el curioso movimiento de los cangrejos, nada le fascinaba más que la transformación de los renacuajos y los gusanos de seda. Mientras tanto, en la casa, María, Juana y Rocío, aprendían de doña Marta sus especiales guisos y sus finos bordados. De vez en cuando Juana se escapaba a la ciudad a ver a Leandro, el cartero, que curiosamente todas las semanas traía una carta para ella. Leandro tenía muy buena fama en el pueblo, pues era un joven muy simpático y apuesto. Juan un día le dijo dos cosas, que él sería siempre su fiel mensajero y que si algún día le ocurriera algo, sabía de muy buena tinta que cuidaría para siempre de su hija, –¡qué cosas tienes, padre!– exclamaba ella sonrojada.

Lorenzo hoy labra la tierra de Juan. Se ha quedado calvo y lleva una perilla blanca. Con todos sus ahorros compró otras cinco parcelas, un tractor, e instaló un sistema de riego. Para él trabajan ocho jornaleros y Fermín, que se encarga de las cuentas. Juntos sacan adelante el regadío y el viñedo, siempre repleto de jugoso ‘tempranillo’. Orgullosos están de su mosto, pues consiguieron hace poco el certificado de denominación de origen. Luis es biólogo, lidera varios proyectos de investigación con compañeros ingleses, belgas y norteamericanos, trabaja como catedrático de zoología en una prestigiosa universidad americana. Rocío tiene un restaurante en Ávila, está siempre repleto de clientes. Conoció a Matías, un apasionado de la cocina con carrera en Francia. Juntos regentan el negocio. Juana se casó con Leandro el cartero. Él acabó estudiando economía y trabaja en una sucursal bancaria. Ella es maestra y las mamás están encantadas de dejar a sus niños a su cuidado en la guardería, porque según se rumorea la chica es un pedacico de pan. La menor, María, todavía es joven para casarse, o eso piensa. No sé si os lo he dicho pero es preciosa, no pasa desapercibida. Le gusta demasiado la fiesta. Es enfermera y está colocada en las urgencias de un hospital de Madrid. Por mucho que diga, hay un neurólogo que no le quita el ojo de encima. Se nota a la distancia que a ella le encanta. Juan tiene un total de ocho nietos, que son, según afirma, lo más bonito que le ha pasado en la vida.

* * *

Don Juan se ha despertado de súbito esta noche. Oyó un gran estruendo. Han entrado a robar en su casa. Alguien ha matado todas las gallinas. ¡Qué desastre! Los aperos de labranza no están en su sitio. No encuentra a sus hijos, no los ve por ningún lado. ¿Qué hace ahí esa vieja encorvada, con nariz chata, moño perlado y gruesas gafas de pasta?. Juan está tan nervioso que prácticamente no se le entienden las palabras. Le cuesta respirar, sin resuello… ¡Mañana tocaba ir de pesca!

Han avisado al médico de guardia. Por lo visto un señor calvo con perilla blanca y una anciana de nariz chata y moño perlado han llamado a la enfermera porque un abuelo está muy agitado. Son las 3:50 de la madrugada. La enfermera mete prisa al galeno, el panorama no pinta bien. El joven médico llega enseguida, con legañas en los ojos y gran esfuerzo por acomodarse a la luz de la pantalla del ordenador lee ligero el informe: “Varón de 86 años, hipertenso, infarto de miocardio hace dos años, enfermedad de Alzheimer evolucionada diagnosticada hace cuatro años, nutrición enteral por sonda nasogástrica, está ingresado por una neumonía con mala evolución. Situación de base: deterioro cognitivo severo, dependencia completa, permanentemente encamado. Situación social: lo cuidan sus cinco hijos, vive en casa con su mujer; trabajó toda su vida en el campo”. El doctor ordena a la enfermera que prepare rápidamente unas medicinas. En las órdenes de tratamiento pone “no RCP”.

* * *

¡Vaya pesadilla ha tenido esta noche! Si no fuese porque todo estaba en su sitio, él hubiera jurado que habían entrado a robar en su casa. Juan acaba de despertarse con los primeros rayos de sol de la mañana. Canta el gallo. Qué susto se ha llevado, fue tan real… –¡Mozos! preparad las cañas que nos vamos–. Ya llevan pescadas 7 truchas y 3 carpas. Como siempre, Lorenzo ha conseguido unas cuantas más que su padre. –¡Luis! ¡Atento a la caña! ¡Que pican y no te enteras!–. No hay manera, hoy luis está fascinado observando cómo las hormigas portan incansables provisiones hacia el hormiguero. –Ya veréis ya, cuando lleguemos a casa el postre que nos ha preparado vuestra hermana Rocío–. Decía Juan mientras respiraba hondo orgulloso de toda su familia, dando gracias a Dios en silencio por todo aquello que tanto trabajo le había llevado construir.

* * *

Don Juan acaba de irse para siempre. Son las 5:35 de una madrugada del tres de octubre del año dos mil doce. Un joven doctor observa guardando la distancia. Una familia llora la pérdida de un ser querido, en estos instantes no hay consuelo. Se abrazan. El médico confirma lo evidente –maldita empresa– y les da el pésame, conteniendo las lágrimas en los ojos. –Uno no puede llevarse el trabajo a casa– piensa, mientras se aleja hacia el control de enfermería. Tras él acude un hombre llamado Leandro, entregándole un sobre con una carta –detrás de toda gran persona, hay una gran historia, esta era su última voluntad– le dijo. Eran las 6:00 de la mañana. El joven médico abre el sobre sin saber muy bien qué va a encontrar, sentado en la cama a la luz del flexo. Escrito a mano, con una letra temblorosa pero firme, comienza a leer…

Me llamo Juan Hidalgo Calavia. Siempre he pensado que hay que trabajar duro para ganarse el pan. Con doce años ya ayudaba a mi padre, que en paz descanse, en las labores de la tierra. ¡Cuánto quiero a mi mujer! Marta Garrido, de los del molinero. ¡Y a mis cinco hijos! Añoro cuando llevaba a Lorenzo y Luis de pesca al río Duero, cerca de la ermita… […]


Imagen "Río Duero, ermita de San Saturio" 
Música: Cinema Paradiso, de Ennio Morricone

8 comentarios leave one →
  1. 8 octubre, 2012 1:01

    Enhorabuena. Has conseguido realizar un relato corto genial. Pero además es que es toda una gran verdad. En muchas ocasiones los que vivimos “este lado de la cama” nos olvidamos de lo que cada acto conlleva. Y éste que describes es uno de los más importantes y difíciles de llevar a la vez. Una lección para todos. Una vez más, enhorabuena.

  2. Jane(way) GM permalink
    11 octubre, 2012 0:51

    Mil gracias por compartir esta historia; es francamente increíble.

    Es curioso…el título de la entrada bien podía referirse al autor de la misma y a su relato. Muy emotivo, muy bonito, me ha encantado…y el fondo musical, Ennio Morricone, todo un acierto.
    Más allá, no obstante, del “placer estético”, es admirable la sensibilidad con la que trata el tema principal, la calidez humana que transmite.
    Hay tantos tipos de médicos como personas. Es muy lindo comprobar que también donde la ciencia, la técnica y el “arte médico” ya no llegan, o no bastan, hay un ser humano a quien conmueve el dolor de otro igual. Esto dice mucho de quien lo escribe como persona y como médico.

    Una y mil veces gracias… y felicidades! =)

    JGiménez.

    • 14 octubre, 2012 19:04

      Muchas gracias por tu comentario🙂

  3. Aurea Curiositas permalink
    14 octubre, 2012 19:14

    Enhorabuena por el relato: emociona y mucho. Las enfermedades neurodegenerativas hacen que admire mucho a los neurólogos que buscan siempre el bienestar de este tipo de pacientes. Yo cuando lo pienso me parece algo difícil de soportar emocionalmente hablando…

    • 14 octubre, 2012 19:48

      Aunque los profesionales de la salud tienen una importancia vital en el trato con estos pacientes el verdadero mérito, para mi, reside en las familias. Una familia que es partícipe y consciente de que su ser querido se va apagando poco a poco, llegando a perder su identidad… uff!! es muy duro!! Y ojo, como tu bien dices convertirte como profesional en un protagonista más de la historia no es nada fácil de llevar… nada fácil.

      Un saludo y gracias por tu comentario!! Bienvenida al blog😉

  4. Silvia permalink
    7 mayo, 2013 0:19

    Qué bonito! Has conseguido emocionarme…Te diría que te puedes dedicar a escribir, y dejarte la medicina, pero los pacientes se perderían a un gran médico!
    Enhorabuena por el blog!

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