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Tortuga y liebre, la carrera vascular

15 noviembre, 2012

En mi corta andadura clínica he trabajado en dos unidades especializadas en el tratamiento vascular agudo. Unidades con grandes resultados terapéuticos. Unidades también con alto gasto. No cabe duda que el tratamiento agudo del infarto de miocardio y del ictus ha cambiado la historia natural de la enfermedad vascular, la causa más frecuente de muerte en nuestro país y en el resto de países que llamamos desarrollados. Sin embargo, lo que es más llamativo para mí no es quizás que estas unidades sean altamente especializadas y eficaces en la terapia aguda de la patología vascular, que lo son, sino su franca incapacidad a la hora de ser también incisivas en la barata aunque menos espectacular prevención secundaria de la enfermedad.

En los primeros días tras sufrir un ictus o infarto de miocardio –enfermedades producidas en su mayoría por factores modificables que tienen que ver con el estilo de vida–, cuando el paciente es más permeable a nuevas ideas, a cambios, me he visto envuelto en un sistema que en el momento del alta médica del enfermo aboga mayoritariamente por lanzar al paciente –literalmente– un puñado de papeles rellenos de jerga médica incomprensible, eso sí, acompañado esto por un listado adjunto con la ristra de pastillas que ha de tomarse. Sin explicación apenas. Dedicando menos de cinco minutos a que el paciente entienda su enfermedad y cómo prevenirla en el futuro, o al menos a que sepa cómo cumplir correctamente el caro tratamiento que ha de tomar.

Derrochamos con alegría millones en angioplastias, stents y fibrinolíticos, pero no dedicamos ni diez minutos a prevenir que tengamos que volver a gastarlos. Ni por el paciente ni por el sistema. Ni en tiempos de crisis. Como en la fábula de Esopo, queremos ser la liebre y perdemos estruendosamente la contienda. Así nos va.

3 comentarios leave one →
  1. 15 noviembre, 2012 22:00

    Se nos llena la boca de orgullo colocando stents e instilando fibrinolíticos… se nos van decenas de miles de euros en ello… y al paciente ni los buenos días. Es como comprar un cochazo a tu hijo sin enseñarle a conducir primero, va a acabar estrellándolo contra la primera farola que se encuentre por el camino. Si al paciente no le haces consciente de su enfermedad y responsable del gasto invertido, el esfuerzo previo quedará en agua de borraja.

    Bienvenido de nuevo Ángel!!😉

  2. 16 noviembre, 2012 12:58

    Mi experiencia en la Unidad de Ictus de mi hospital es diametralmente opuesta. De hecho, es lo que más repiten los pacientes a diario, y es uno de los comentarios que más gratificante me resulta: el agradecimiento por el trato afectuoso y cercano, por resolver todas las dudas, explicar todo el proceso, concienciar con paciencia sobre los cambios en el estilo de vida… No sé si la diferencia es debida a la menor “superespecialización”, (o depende del hospital o del factor humano). No sé si puede deberse a la independencia que se nos ofrece a los residentes, que pudiéramos estar más motivados por esa razón, ya que valoramos inicialmente en las guardias y seguimos a los pacientes,sea en la Unidad de Cuidados Intermedios o en planta- sea su situación más o menos grave- sin supervisión directa del adjunto, y les hacemos partícipes de todo el proceso, de en qué consiste el estudio, de qué pruebas se hacen o se dejan de hacer, qué tratamiento se pone o deja de poner y les entregamos al alta todos esos informes y recetas, y les explicamos todo, porque nos dan la oportunidad de implicarnos.

    Es decir, en mi caso, si dijera que en mi Servicio no se atiende a este tipo de medidas supondría que soy yo la que no estoy llevando a cabo tal labor, en un importante número de casos, y creo que entonces tendría muy poco sentido mi trabajo. Si bien es cierto, que el trato que yo he visto por parte de mis adjuntos a los pacientes es intachable.

    Gracias, Ángel por la reflexión.

  3. DaniDi permalink
    17 noviembre, 2012 11:46

    Creo que tu reflexión es acertada. Gastamos mucho tiempo y dinero en el momento agudo y a partir de entonces lo único que queremos es que se vayan de alta para que se libere la cama. Invertimos poco tiempo en educación y en prevención secundaria. Nos sentimos bien poniendo una serie de coletillas al final del informe: se abstendrá de fumar, mantendrá su colesterol por debajo de tanto, control de FRCV. Y lo cierto es que eso nos deja la conciencia tranquila pero realmente no modificamos la vida de nuestros pacientes, la mayor parte de las veces. No solo fallamos en prevención secundaria, si no también en la rehabilitación. Una vez me dijeron que al sistema se cambia desde dentro y eso es lo que podemos hacer intentar hacer las cosas diferentes.

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